La importancia del mayor acontecimiento en el noveno arte patrio: 'THC. THE HORROR COUNTRY'

Salió a la venta el miércoles, 24 de diciembre de 2025 pero yo no lo descubrí hasta el pasado miércoles, 5 de mayo de 2026.


¿Cómo he podido estar a punto de perderme el mayor acontecimiento en el noveno arte patrio?

Todavía no salgo de mi asombro.

Han pasado cinco días desde el descubrimiento y sigo desconcertado, incapaz de dilucidar si esto ha sucedido de verdad, es una broma o simplemente se trata de que estoy soñando y voy a despertar en cualquier momento.

Vayamos por partes.

Empecemos desde el principio.

A dos días de cumplir los 51 y uno antes de la escapada con mi mujer Mery para celebrarlo en Gandía, Picanya y Valencia, pasé por la librería Códex de Orihuela, la literaria ciudad alicantina del famoso, aunque malogrado, poeta español Miguel Hernández (1910-1942), donde vivo desde el jueves, 14 de febrero de 2013.

Al principio encontré en la escueta mesa de las novedades el libro anual que Penguin (el segundo monopolio editorial en España que más sellos de calidad tiene en su haber) le publica al conocido periodista español reconvertido en una de las mejores plumas de nuestras letras hace tres décadas, el escritor y académico de la lengua Arturo Pérez-Reverte. Se trata de una especie de biografía bélica, reuniendo una amplia cantidad de artículos sobre su extensa trayectoria como corresponsal de guerra.


Cogí el grueso libro de 600 páginas (que apenas valía 23,90 euros), encuadernado en tapas duras, con sobrecubierta, cosido a hilo. Miré la fecha de publicación. Primera edición: mayo de 2026 (no sé por qué puto motivo sufro una obsesión con las novedades editoriales, junto a las primeras ediciones, desde tiempo ha... una obsesión de esas que, dicen, no curan los médicos). Luego revisé el índice y guau, menuda miscelánea perezrevertiana sin parangón. Me encanta cómo escribe Pérez-Reverte. Para mi gusto tiene una de las plumas más fascinantes de la literatura española en la actualidad, desde hace varias décadas. Da igual si escribe ficción o no ficción. Es uno de mis autores favoritos y cuando veo un libro suyo, especialmente si se trata de una novedad editorial, me lanzo a por él sin contemplaciones. 

Poco después descubrí que el lanzamiento del libro era el día de mi cumpleaños, es decir, dos días después. Fue un gran regocijo, que no pocas veces he vivido en la librería Códex.

Llevaba varios días comprando libros y cómics. El gasto se acumulaba, pero después de un interesante trabajo de sigilización metamákgica espontánea que hice a mediados de abril, aproximadamente, hubo un resultado inequívoco la noche del viernes, 1 de mayo de 2026, Beltane o la noche de Walpurgis... tal vez la noche más brujeril y/o mágica del año, según las creencias religiosas neopaganas. ¿Metamakgia o casualidad coincidente, azar? Como siempre sucede, no tengo la más remota idea ni respuesta alguna, lo ignoro. Tampoco lo pienso demasiado ni especulo mucho sobre ello. Simplemente hago un trabajo cuando me vienen las ganas y aparece la idea en mi campo perceptivo. Luego, me olvido. Según la magia del caos y otros paradigmas de magia ocultista (incluyendo mi concepción metamákgica) se supone que eso mismo es lo que se debe hacer. La especulación principal en torno a esta creencia proviene del pintor y mago ocultista británico Austin Osman Spare (1886-1956). Él fue, junto con Aleister Crowley (1875-1947), el mago ocultista más influyente del siglo XX sin duda. Su mayor aportación es la idea del alfabeto del deseo y los sigilos derivados, es decir, una forma de plasmar nuestros deseos mediante un acto artístico con ciertas reglas inventadas por la imaginación de AOS para que, presunta e hipotéticamente, se cumplan, por medios mágicos. Desde que la también británica magia del caos incorporó las ideas spareanas a su paradigma posmoderno de magia ocultista, parece ser que los sigilos se usan de manera ubicua y popularizada, destacando los neopaganismos.

No obstante, el dinero escaseaba de nuevo y era el momento de parar la compra de libros y cómics, para poder irnos de celebración durante un par de días, abarcando desde el anterior hasta el posterior a mi cumpleaños. Así que el libro de Pérez-Reverte encajaba en mi presupuesto a la perfección. Pero lo había encontrado muy rápido, nada más entrar a la librería y mirar en la mesa de novedades. 

Uno jamás puede quedarse sin hacer la revisión escrutadora lo más exhaustiva posible cuando va a las librerías. Siempre... absolutamente siempre, hay que mirar hasta en el último recoveco. Y la inquietud me poseyó, sí, esa sensación de que debía echar un vistazo más a fondo.

Pero no llegué muy lejos. En una mesa y de pie, medio oculto por otros cómics de menor tamaño, situados delante, lo vi.

Establecí el primer contacto visual con esa parte ilustrada de la gigantesca portada.

Es literalmente imposible que no lo viera antes, pues estoy seguro de que en Códex recibieron el ejemplar, si no desde el principio del lanzamiento y su salida a la venta, sí, al menos, desde poco tiempo después, es decir, nada más dar comienzo este 2026 en curso.

De hecho, estoy bastante seguro de haberlo visto cada vez que he ido a Códex los últimos cinco meses, pues su estratégica colocación hacía que pasara por delante suyo cada vez que acudía a la librería.

Y por algún motivo que desconozco, lo ignoré durante esos cinco meses transcurridos.

Si especulo un poco, supongo que lo ignoré porque mi primera impresión, lejana, sesgada, incompleta, me daba cierta información errónea, partiendo de un análisis visual por encima.

Lo primero: las tapas duras, el gran tamaño del formato y el grosor del cómic, a simple vista, hablaba de probabilidades inequívocas: la apariencia era de estar impreso en papel satinado, lo cual desembocaba, al unir todos los factores, en una conclusión de casi certeza: se trataba de un cómic caro. Mínimo, 50 pavos.

No soy de escatimar pasta cuando voy a comprarme lo que más me apasiona en la vida: libros y cómics. La mayor parte del dinero que llega a mi vida lo gasto en libros y cómics. Libros y cómics son mi vida, en realidad. Sinceramente me da igual el dinero, siempre que me interese o llame la atención lo que voy a comprarme: 50, 60, 80 y hasta 120 pavos caen fácilmente en un solo ejemplar. Aunque, obviamente, prefiero no gastarme cantidades poco razonables, es decir, que superen los 30 euros por un solo producto, si no estoy seguro de que me pueda gustar, llame mucho mi atención, o al menos despierte mi curiosidad e interés. Por ejemplo, jamás me compraría un cómic de superhéroes (con honrosas pero muy ocasionales excepciones), aunque valga menos de 30 euros. Detesto los cómics superheroicos (no digamos las adaptaciones cinematográficas hollywoodienses); algo que ya rechazaba por mi cuenta antes, pero quedó todavía más ratificado leyendo las influyentes opiniones de Alan Moore, que comparto al cien por cien. Tampoco soy mucho de suspense policíaco, exactamente lo que parecía transmitir el cómic aquí citado, arreglo a lo que había visto por encima en la ilustración de la evocadora portada: un motero muy cachas a la izquierda, en segundo plano, y una atlética mujer rubia, con una pistola alzada, al centro, en primer plano. Me faltaba ver el personaje de la derecha, también en segundo plano. Y sería este segundo personaje el que lo acabaría decantando todo.

El martes, 5 de mayo de 2026, con el último libro de Pérez-Reverte en la mano, dos días antes de salir a la venta, decidí coger el pedazo de cómic que tantos meses llevaba expuesto de pie, en aquella mesa, solo por la curiosidad de echarle un vistazo.

Aunque no siempre acierto en los precios (es común encontrar cosas sorprendentemente baratas o viceversa), por norma general tampoco me suelo alejar mucho de las primeras impresiones, pues la mayoría de editoriales se ajustan bastante a unos precios razonables dentro de lo que hay en el mercado de la edición.

Y por eso supe desde el primer momento que el improbable cómic que tenía entre mis manos se salía seguro del presupuesto asignado, pues por tamaño, peso, grosor y calidad no iba a bajar de los 50 pavos fijo.

Pero entonces todo se puso mucho más interesante de lo que aparentaba la portada a primera vista, pues nada más cogerlo, sin ver al autor (historietista) o a los autores (guionista e ilustrador, mínimo) reconocí de inmediato a uno de mis autores españoles favoritos, aunque no guionista de cómic: el genuino escritor gallego especializado en enigmas y misterios, destacando la ufología, pero también los fraudes, engaños y crímenes asociados a las creencias religiosas o sectarias, Manuel Carballal, vestido de cura, pero con una pistola en mano, que está cargando.


Manu se ha convertido, por derecho propio, en uno de mis autores favoritos desde hace años, especialmente durante la plenitud del difícil confinamiento por la pandemia de covid. 

Aquella distópica etapa fue muy complicada para mí, pues la situación personal y vincular que estábamos atravesando mi mujer y yo no era nada halagüeña, en una precaria e infecta vivienda familiar ubicada en el barrio más desfavorecido y conflictivo de Orihuela, donde entraba agua por todos los sitios cuando llovía, además de tener plagas de cucarachas y ratones a menudo.

Pero a pesar de todo nunca olvidaré aquel cumpleaños de los cuatro vividos allí. Fue el jueves, 7 de mayo de 2020. Cumplía 45. El confinamiento estaba en su plenitud y la realidad cotidiana se había vuelto inestable, precaria, incierta, preocupante, volátil. Nadie sabía nada y todos afrontábamos el día a día en el desconcierto. La incertidumbre de lo desconocido pasaba estresante factura ansiógena a cada momento. Uno se acostaba por la noche para descansar de la pesadilla angustiante en que se había retroquelado la realidad y se levantaba cada mañana en la misma pesadilla. Los días se alargaban y las horas no pasaban. Se escuchaban los megáfonos de los coches patrulla de policía que instaban a la ciudadanía a permanecer confinada por su seguridad y todo parecía mentira, un show de Truman, una película de ciencia ficción distópica que tantas veces había escenificado ese apocalipsis zombi iniciado precisamente con una pandemia. O un videojuego. 

¿Acaso la realidad se estaba reconvirtiendo en 'The Last of Us'? Quién sabe. Fueron unos eternos dos meses largos, larguísimos. Y nada me los amenizó ni ayudó a pasarlos lo mejor posible como Manuel Carballal, gracias a un libro, impecable trabajo de investigación sin parangón, que había publicado en un formato de arquetípica descuidada autoedición sin medios, a través de su longeva revista 'El Ojo Crítico', publicada desde 1992 si mal no recuerdo, en una de las facetas que más polémica (no entiendo muy bien por qué) ha generado, en torno al escepticismo. ¿Será, tal vez, porque Manu investiga con gran interés esos mundos especulativos que los escépticos más acérrimos y ortodoxos (también un tanto dogmáticos a veces) denostan y quieren desmitificar con una vehemencia, que parece irles la vida en ello?

La verdad es que la llegada del libro a casa por mensajería en pleno confinamiento y con todas las librerías cerradas, fue un respiro. Recuerdo la dificultad para conseguir un ejemplar, pero al final mi mujer, que se maneja como nadie en esos menesteres internáuticos, me localizó uno en algún lugar y lo compró, nuevo. Se había publicado un par de años atrás. El esclarecedor título: La vida secreta de CARLOS CASTANEDA. ANTROPÓLOGO, BRUJO, ESPÍA, PROFETA (El Ojo Crítico, A Coruña, 2018). Aunque había leído cosas publicadas por Manu, hacía años que no leía nada suyo. Lo tenía prácticamente olvidado, al menos como tal (corre por ahí la creencia, siempre desmentida desde el principio por el propio Manu, de que es Antonio Salas, pseudónimo de otro de mis autores favoritos; aunque nunca la he podido corroborar a ciencia cierta pero tampoco desmentir, no obstante el libro citado sobre la impostura castanediana me pareció muy antoniosalasiano, si añadimos el trabajo ausente de edición del Grupo Planeta).



Este libro fue un punto de inflexión definitivo, zanjando de una vez por todas el asunto, gracias a la apabullante e inequívoca información y hechos aportados, pues aunque siempre sospeché de Carlos Castaneda (1925-1998) como el impostor que fue, no obstante también estudié sus creativas, peculiares y sin parangón invenciones especulativas, destacando el primer libro, una espectacular novela de fantasía mágica, cuyo mayor logro a mi parecer fue ser presentada (y aceptada) como tesis doctoral en antropología. Me fascinaron las evocadoras y sugerentes invenciones castanedianas, a pesar de que las bien fundamentadas investigaciones del antropólogo cultural estadounidense Marvin Harris (1927-2001) y del escritor también estadounidense Richard de Mille (1922-2009), no dejaban pie a la duda sobre la flagrante impostura y evidente engaño, a menos que fueras un acérrimo seguidor de sus fraudulentas enseñanzas (algo que suele ser muy habitual). Aunque la que verdaderamente me lo confirmó fue la escritora Amy Wallace (1955-2013) en su magnífico libro APRENDIZA DE BRUJA. Mi vida con Carlos Castaneda (La Liebre de Marzo, Barcelona, 2005).


No me lo podía creer ni era capaz de salir de mi asombro.

¿Verdaderamente estaba viendo a Manu en la figura ilustrada del sacerdote con pistola en mano?


Y tras unos segundos de colapso mental mientras asimilaba la posibilidad, fui directo a comprobar si lo que estaba viendo coincidía de alguna manera con la realidad o me lo estaba imaginando.

Y efectivamente el cómic afirmaba que sus autores eran Carballal y Larroca.

Entonces pensé: espera, espera... ¿Larroca? ¿Salvador Larroca? ¿Nuestro famoso historietista e ilustrador que trabaja para Marvel?


No podía ser cierto lo que estaba pasando.

Giré el inmenso cómic para leer la contraportada, pero allí no había sinopsis alguna. Solo una imagen de esas que, dicen, vale más que mil palabras: un ovni posado sobre una montaña, estilo 'Encuentros en la tercera fase'.


Al indagar un poco descubrí que, efectivamente, la ilustración y el guion corría a cargo de Salvador Larroca. Bueno, como autor e ilustrador icónico de Marvel, no lo conocía. Jamás había tenido el placer de leer ningún trabajo comiquero suyo. En realidad lo conocía porque le hizo la portada a Manu de su libro sobre Castaneda. Según lo que contaba Manu en los agradecimientos, no me cupo mucha duda: eran amigos. ¿Cómo se explica, si no, que un ilustrador patrio de la élite dentro del noveno arte, te ilustre la portada de un libro publicado en autoedición?

Entonces me dio absolutamente igual salirme del presupuesto. Ese cómic se venía sin duda conmigo, costara lo que costara. Aunque valía casi 55 euros (54,95 para ser exactos) con el descuento de la librería me lo llevé por 52,20. ¡Qué poco me faltó para quedarme sin él! Al indagar un poco por internet cuando salí de Códex, vi que en muchas librerías ya está agotado. Cada día que pasa es más difícil hacerse con un ejemplar. Y lo único que te puedo adelantar es que lo compres cuanto antes. No solo merece la pena. Es un acontecimiento único en toda la historia del noveno arte patrio. Un fenómeno sin parangón. Nunca he visto ni leído nada igual.

Durante 31 años he dedicado mi vida íntegramente a la lectura. Primero fueron libros de orientalismo, espiritualidad y esoterocultismo. Así empezó mi investigación sobre los límites de la realidad (o la naturaleza física, psíquica y metafísica de la realidad, centrada sobre todo en el ser humano). Luego vinieron el resto de temas: filosofía, psicología, historia, política, sociología, medicina, alimentación, divulgación científica, etcétera. Rara vez leo ficción. Lo mío son los ensayos. Hasta que llegaron los cómics y me atraparon, hace dos décadas. Y precisamente, como dejó en evidencia el blog 'Rareza literaria', nunca me gustó mucho lo convencional. En cómics, especialmente, siempre busqué las mayores rarezas que cayeron en mis manos, desde el descubrimiento del comix o cómic underground, a través de Robert Crumb.

Por eso suelo reconocer los cómics a primera vista. Y aunque a veces me equivoco (obviamente) por norma general acierto. También tengo temporadas y temporadas. Hay veces que no consigo conectar de ninguna manera con los cómics. Entonces me dedico a los libros en exclusiva. Otras veces sucede viceversa. Lo peor llega cuando atravieso sequías donde ni lo uno ni lo otro. Y al echarle el primer vistazo serio a THC. THE HORROR COUNTRY supe que había dado (por suerte) con una de esas raras piezas que siempre buscas pero nunca encuentras. Porque es el problema de llevar 31 años a cuestas enganchado a la lectura de rarezas. Llega un momento que estás hecho a todo y cuesta mucho encontrar algo que te fascine, sorprenda, motive, estimule. Evidentemente el mercado editorial no está ahí para satisfacer tus necesidades extravagantes, sino para vender cuanto más, mejor. Y eso implica publicar cosas satisfactorias para una amplia mayoría, no para cuatro paladares selectos. Aunque siempre quedan las editoriales de nicho como La Felguera.

THC. THE HORROR COUNTRY es el mayor acontecimiento comiquero que he visto en mi vida, debido a varios motivos.

El primero y tal vez más importante es que no está publicado en ninguna editorial especializada. Ni Planeta Cómic, ni Norma Editorial, ni Dolmen, ni Astiberri, ni La Cúpula, ni sello alguno de los muchos que tiene Penguin. ¡Se trata de una autoedición! Sí, como lo oyes. ¡Una autoedición! Pero no es una autoedición cualquiera ni mucho menos. Supera en calidad de impresión, de papel y de encuadernación a cualquiera de las grandes en la edición de noveno arte del mejor. Es un cómic a todo lujo y de coleccionista, pero sin sustento por parte de ninguna editorial, lo cual significa que tanto los beneficios como las pérdidas corren a cargo de sus autores sin intermediarios. ¿Podría haber algo más grande, más importante, más significativo, especialmente cuando sabes de sobra lo que pasa en el mundo de la edición, al menos en España, con editoriales como Dolmen, que no paga a muchos de sus autores, según tengo entendido de, al menos, una fuente fiable? Si no me crees te insto a que leas el magnífico libro PERSONAJE SECUNDARIO. LA OSCURA TRASTIENDA DE LA EDICIÓN (Trama editorial, Madrid, 2025) del legendario traductor, editor y escritor español Enrique Murillo, que durante décadas trabajó para Anagrama y los grandes grupos editoriales, como Planeta, finalizando su trayectoria con un broche de oro: la fundación de la editorial Los Libros del Lince (ahora Lince desde que la vendió a Malpaso Holdings en 2016, una de las editoriales, con aspiraciones a ser un gran grupo, más turbias y con peor historia de estafas e impagos a autores y traductores).




El segundo es la historieta tan fascinante que nos cuenta el cómic, en clave de ficción basada en hechos reales, suspense y ciencia ficción, para abordar, como nunca se ha hecho, una historia sincera, creíble, profunda, sin comparación con nada que se haya escrito hasta el momento, sobre la ufología. La ufología es una pseudociencia que estudia los objetos voladores no identificados (cuyas siglas son ovni, ufo en inglés original), también conocidos como platillos volantes. Aunque no existe ninguna correlación ni evidencia alguna de que se trate de fenómenos anómalos de origen extraterrestre, no obstante las creencias populares los asocian la mayoría de veces y desde hace décadas, dando lugar a la equívoca conclusión de "ovni = extraterrestres". Pero este cómic no habla, en el trasfondo ufológico argumental que lo recorre de principio a fin, de una defensa incondicional ni creyente del fenómeno ovni, cuyo mayor referente patrio sería el ufólogo y escritor español J. J. Benítez, sino todo lo contrario. Su abordaje es refrescante, sorprendente, crítico, reflexivo e incluso escéptico, en especial con las creencias populares establecidas, cuestionando a fondo la apresurada e infundada conclusión "ovni = extraterrestres". Se centra en las opiniones y aportaciones de una nueva generación de ufólogos, como José Antonio Caravaca, que no sucumben a esas creencias populares. El abordaje no se deja nada en el tintero de este primer volumen autoconclusivo, aunque abierto a una fascinante continuación para seguir abordando el asunto. Encontraremos una explicación alternativa, pero plausible hasta cierto punto, a fenómenos ufológicos convertidos en lugares comunes dentro del mundo creyente, como la hipotética "autopsia" fraudulenta que se hizo a los "cadáveres" de unos presuntos "seres extraterrestres" en la famosa "Área 51", tras un supuesto "accidente" ovni en Roswell, Nuevo México, Estados Unidos, que dio comienzo a la creencia en la especulativa pero infundada existencia (nunca demostrada) de los "grises", reconvertidos en el icono visual de un ser extraterrestre, intensificado por el fascinante libro COMUNIÓN (Reediciones Anómalas, Alicante, 2018) del escritor estadounidense de terror y ciencia ficción Whitley Strieber (publicado originalmente en inglés en 1987). Y ningún abordaje me parece tan interesante, reflexivo y estimulante, aunque solo sea en forma de curiosa hipótesis especulativa encajada a la perfección dentro de un argumento de suspense atrapante y muy bien hilado, como el que presenta este maravilloso cómic que, no me cabe duda, va a convertirse en una obra de culto y la mayor rareza que cualquier aficionado al noveno arte no debería dejar escapar, antes de que sea tarde.

El tercero y definitivo es el hipnótico, inmersivo, evocador, atrapante trabajo de ilustración ejecutado por Salvador Larroca. Para mí es muy importante el asunto de la ilustración cuando hablamos de noveno arte. Un cómic siempre debe pasar el filtro de la ilustración para que me decante por su compra, pues debido a varios motivos evidentes, los buenos cómics no suelen ser baratos y equivocarse con ellos es invertir una cantidad significativa de dinero que podría dar para varios libros. Pero en este caso me quedé encandilado, estupefacto y boquiabierto al echar un vistazo por encima a las páginas impresas en papel satinado de la mejor calidad, sin escatimar atenciones y cuidados a los detalles que, tal vez, solo apreciamos, en todas sus dimensiones, los verdaderos frikis apasionados del noveno arte. Jamás había visto un nivel de realismo fotográfico vivo en las ilustraciones y el color, como sucede en este caso, donde la meticulosidad de Salvador Larroca llega hasta la última línea de los detalles, por nimios que sean.





Y por si no había bastante con todo lo analizado, solo faltaba el último aspecto, una idea jamás llevada a efecto, al menos hasta donde conozco, en el mundo del noveno arte, que acaba de decantar el cómic hacia una maestría regocijante que solo sabrá apreciar la gente interesada en la ufología, los enigmas y misterios, pero también la cultura popular: no solo aparece Salvador Larroca, Manuel Carballal y Elena Merino (periodista española especializada en crimen real) prestando su imagen a los personajes de ficción que protagonizan esta historieta inclasificable, sino que también hacen apariciones estelares una amplia cantidad de rostros conocidos, como el jáquer y consultor informático de ciberseguridad Chema Alonso, uno de los grandes protagonistas del último libro (hasta hoy) del periodista de investigación y escritor español Antonio Salas, LOS HOMBRES QUE SUSURRAN A LAS MÁQUINAS. Hackers, espías e intrusos en tu ordenador (Espasa, Barcelona, 2015), los periodistas icónicos creadores del programa televisivo más exitoso dedicado a los enigmas y misterios 'Cuarto Milenio', Iker Jiménez y Carmen Porter, el ya citado ufólogo y escritor español José Antonio Caravaca, el decano del periodismo especializado en enigmas y misterios Enrique de Vicente o el periodista, escritor y académico de la lengua español Arturo Pérez-Reverte.





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