El primer bloqueo esencial (e inevitable) con 'El GRAN LIBRO de MAGIA de la LUNA y la SERPIENTE'

Jueves, 21 de mayo de 2026.

12:24.

Fue bonito mientras duró. 

Ayer por la mañana, como ha sucedido cada día, durante la semana transcurrida desde la primera toma de contacto con 'El GRAN LIBRO de MAGIA de la LUNA y la SERPIENTE', me puse a trabajar a fondo con él, suspendiendo cualquier otra actividad, para poder focalizar y centrar correctamente la atención.


El primer apartado seriado, en seis números, a lo largo del artefacto mágico-artístico (cómic, libro, enciclopedia, pero sobre todo grimorio definitivo y/o absoluto), bajo el título 'ACTIVIDADES PARA LOS DÍAS DE LLUVIA', que es una guía ensayística para implementar la práctica de magia ceremonial (en principio), da comienzo con el 'N.º 1: ¡Hacer cosas es magia!'.


'¡Hacer cosas es magia!' no tiene ninguna diferencia, en el contenido, con cualquier grimorio de iniciación a la práctica de magia ceremonial, todo lo contrario. Por tanto, la verdadera diferencia, a mi parecer, no está en lo que cuentan sino en cómo lo cuentan los dos Moore.

1. Establecer/levantar un altar. 2. Adoptar una deidad patrona (ya existente o inventada). 3. Crear/diseñar las cuatro "armas" (herramientas) mágicas.

Las cuatro "armas" (herramientas) mágicas representan el aspecto más interesante, en mi opinión, de la magia ceremonial, debido a su elevada carga simbólica evocadora. Pero (y aquí es donde considero que empieza lo significativo)... ¿qué es la magia ceremonial y a qué nos referimos cuando hablamos de magia ceremonial?

En realidad se trata de una pregunta nada fácil de responder, pues estamos ante un reto nada fácil de abordar. Intentaré abordar el reto de la manera más exhaustiva y rigurosa posible.

De entrada, lo primero sería volvernos conscientes de la naturaleza del tema a tratar. Ahí es donde reside el reto citado: cuando hablamos de magia, hablamos de pura y dura subjetividad especulativa. Por tanto, no existe una única definición válida, sino tantas como seres humanos existen.

Después pasaríamos al doble sentido etimológico que tiene el concepto magia, pues para la mayoría se ha vinculado a una actividad que en principio no tenía ninguna relación,  pero empezó a ser usada en un momento particular, aproximadamente entre los siglos XIX y XX, hasta implantarse a nivel social: se suele catalogar de magia a los trucos manuales para engañar a los sentidos, especialmente la vista, con la finalidad de divertir o entretener sorprendiendo, a veces matizada como magia de salón, aunque la confusa asociación se despeja enseguida a mi juicio: el nombre correcto debería ser ilusionismo y/o prestidigitación, no magia. No obstante, la RAE considera que son sinónimos, a pesar de hablar y tratar sobre asuntos muy distintos y sin ninguna relación en esencia.

Si nos atenemos a los hechos históricos, la magia es en realidad una especie de disciplina del conocimiento humano que nunca se sistematizó como otras disciplinas sí hicieron (religión, filosofía, política, arte o ciencia). Por tanto quedó asociada al arte, aunque en la Edad Media se entendió como ciencia oculta y en el Renacimiento se reinterpretó como filosofía oculta. 

Desde la más remota antigüedad, la esencia básica de lo que luego se llamaría magia, en abstracto y como generalización inespecífica, fue una creencia subjetiva que arraigó en el interior de los seres humanos, probablemente desde el paleolítico (como muy bien escenifican y representan los Moore en el breve cómic inicial de apertura, con apenas ocho páginas, titulado 'En los albores de la mente', solo imágenes en blanco y negro, sin guion, para simbolizar la ausencia todavía de lenguaje) y permaneció hasta la actualidad, en forma de aquello que se cataloga como pensamiento mágico, una interpretación que deberíamos coger con pinzas, pues la mayoría de veces se usa de manera prejuiciada e ideológica, para denostar o ridiculizar una forma amplia de proceder, desde una posición de superioridad cognitiva o intelectual nada clara ni defendible a mi parecer, por excesivamente sesgada y reduccionista.

Para abordar la definición etimológica tomaré en consideración dos perspectivas: la principal y única autorizada de la RAE (Real Academia Española), pero también la secundaria, dudosa y no autorizada de Wikipedia.

Según la definición de la RAE, la palabra 'magia' proviene del latín 'magīa' y esta a su vez del griego 'mageía'. No especifica el significado, pero se supone que es 'cualidad de sobrenatural'. Tiene dos acepciones: "1. f. Arte o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales". "2. f. Encanto, hechizo o atractivo de alguien o algo". 

Aunque discrepo con los sinónimos que luego asocian la primera acepción de magia con prestidigitación e ilusionismo, no obstante la definición de la RAE, teniendo en cuenta el espacio y las palabras limitadas que ocupa, es bastante exacta en mi opinión, como interesado a nivel teórico, histórico e intelectual durante 31 años, pero también como mago ocultista practicante durante el último cuarto de siglo.

Aunque tal vez me parece más exacto, interesante y completo el abordaje de Wikipedia, a pesar de que en esencia es el mismo: "La magia, entendida como arte o ciencia oculta es la creencia y prácticas que buscan producir resultados sobrenaturales mediante rituales, conjuros e invocaciones".

Este enfoque encaja a la perfección con la concepción de magia ceremonial, aunque la magia ocultista (matización que uso para diferenciarla de la prestidigitación e ilusionismo) tiene una amplia y compleja variedad de enfoques, abordajes y/o paradigmas que no tienen por qué estar de acuerdo en sus posiciones e interpretaciones, pues se trata de pura subjetividad especulativa perteneciente al mundo de las creencias, donde cada mago autoproclamado (pues para ser mago ocultista solo hay que autoproclamarse como tal) decide definirla e implementarla a su manera, lo cual nos sume en una amplia cantidad de interpretaciones sin validez alguna, pues al no ser una disciplina regulada ni consensuada del conocimiento, cada cual puede afirmar lo que quiera y como quiera, siendo este comportamiento la pérdida absoluta de credibilidad a todos los niveles.

Por ese motivo, mi modo de operar es un tanto distinto a las convenciones mágicas, esotéricas y ocultistas establecidas e implantadas cual modas que, como cualquier moda, va por épocas y momentos históricos específicos. Porque tras haber estudiado la cuestión a fondo como uno de mis principales intereses e inquietudes personales, considero que se puede (y sobre todo se debe) abordar sistemáticamente con rigurosidad seria, intelectual e incluso académica, como por suerte sucede desde hace unas cuantas décadas.

Viernes, 22 de mayo de 2026.

10:15.

La magia deja de ser una abstracción genérica sin concreción en la antigua Persia y en aquella civilización de Oriente Medio que incluye hoy Irán, Irak, Siria, Turquía, Afganistán, Tayiquistán, Georgia, Osetia del sur y Azerbaiyán nace el término religioso persa antiguo 'maguš' (cuya pronunciación etimológica es 'mágush'), una de cuyas especulaciones es que proviene de la raíz protoindoeuropea 'magh-', con el probable significado de 'ser capaz' o 'tener la capacidad', remontada hasta mediados o finales del año 2.000 antes de la Era Común. 

Maguš hacía referencia, en aquella remota antigüedad persa, a un miembro de la clase sacerdotal y erudita. Por ese motivo la magia nace históricamente como la definición de las prácticas religiosas dentro del zoroastrismo (mazdeísmo) y las religiones tempranas de los iranios occidentales. Por tanto, los magos (magi) eran en la práctica sacerdotes zoroástricos o de alguna de las religiones persas tempranas luego desaparecidas (o fagocitadas por el zoroastrismo). 

La palabra aparece por primera vez en la Inscripción de Behistún (inscripción monumental en piedra sobre la pared de un acantilado, en la provincia de Kermanshah, al noroeste de Irán, perteneciente a la época del imperio aqueménida (siglo VI antes de la Era Común), ordenada escribir por Darío I, el tercer rey de ese imperio persa.

Aunque también existen otros textos persas antiguos que se refieren a un maguš como un sacerdote zurvánico (el zurvanismo es una rama extinta del zoroastrismo, quedando el zoroastrismo zurvánico y el mazdeano o mazdeísmo, que acabó siendo predominante y único por el tiempo).

Por tanto, el primer paso para entender históricamente y de forma veraz la magia, es despejando con discernimiento uno de los fenómenos más comunes a estas cuestiones: las leyendas de perpetuación. Esto implica que la magia no tiene ninguna relación real ni directa con creencias y prácticas paleolíticas, como el totemismo o el animismo (tampoco con el shamanismo posterior), aunque puedan compartir algunos aspectos similares. Son cosas diferentes y es importante saber diferenciarlas para entender correctamente lo que estamos haciendo con rigurosidad. Tampoco se remonta a Egipto, como una infinidad de leyendas de perpetuación pretendieron ya desde la antigua Grecia y toda la tradición de pensamiento occidental, especialmente dentro de las llamadas ciencias ocultas, luego filosofía oculta. Si bien es cierto que Egipto y sus creencias religiosas tenían una concepción mágica-hechicera, no obstante nunca estuvo sistematizada ni presentada con un corpus doctrinal ni sacerdotal y la idealización mágica, así como mitológica fabuladora fue más bien atribuida después, ya en época tardía, entre los últimos siglos anteriores a la Era Común y los primeros siglos de la Era Común, destacando a griegos, romanos, judíos y los primeros cristianos.

Para entender las concepciones idealizadas (pero erróneas) que desde Grecia se desarrollaron sobre Egipto dentro del esoterismo occidental y el pensamiento mágico fabulador, es importante leer ESOTERISMO EGIPCIO. La sabiduría secreta del antiguo Egipto y su impacto en Occidente (Erasmus Ediciones, Córdoba, 2024) del egiptólogo helveto-letón Erik Hornung (1933-2022).  El libro se publicó originalmente en alemán en 1999.


Sábado, 23 de mayo de 2026.

10:45.

Fue a partir de los orígenes del cristianismo cuando empezó en realidad a formarse la (distorsionada) concepción de la magia que, transcurridos los siglos, llegaría a la actualidad, impregnándose de creencias cada vez más alejadas de sus orígenes... mezcladas... degradadas (inevitablemente) y por tanto desconectadas al completo de cualquier vestigio y/o recuerdo riguroso de su historia veraz. Por ese motivo personalmente llevo años siendo reacio a cualquier fabulación sincretizadora que pierda contacto con y pie en la realidad de los hechos, para sumirse en las fantasías subjetivistas casi delirantes (en muchos casos, atravesando longitudinalmente las afirmaciones más delirantes y sin pies ni cabeza). De ahí que, antes de seguir adelante, deba matizar mi perspectiva de enfoque para entender el análisis crítico lo más riguroso posible que pretendo hacer, de lo que viene a continuación, sobre 'El GRAN LIBRO de MAGIA de la LUNA y la SERPIENTE'.

Domingo, 24 de mayo de 2026.

14:11.

A diferencia de lo que opinan los divulgadores científicos que denostan el pensamiento mágico y básicamente ven los temas asociados como producto de anacrónicas supersticiones pasadas que deberían estar (hipotéticamente) superadas, en mi opinión de investigador autodidacta interesado por estas cuestiones y que se ha sumergido a fondo en ellas, no hay una única perspectiva reduccionista concreta, sino tres: la de creyentes tradicionalistas practicantes; la de creyentes sincretistas distorsionadores; la de estudiosos académicos escépticos. 

El primer caso es el de los creyentes practicantes que sostienen las tradiciones vivas, con una doble perspectiva de abordaje: por una parte son la fuente autorizada si queremos entender y/o practicar las verdaderas enseñanzas y contenidos, pero por otra parte no tienen ninguna fiabilidad en la rigurosidad histórica, pues reproducen y sostienen leyendas de perpetuación falsas. 

El segundo caso es el de los creyentes que no se atienen a las tradiciones vivas, por tanto crean y construyen sincretismos descontextualizados que mezclan aspectos sesgados de diversas tradiciones, sin ninguna conexión original, pretendiendo darle una continuidad explicativa artificial y forzada a engendros ideológicos frankensteinianos que suelen ser estériles en la práctica, extraviando a sus seguidores en fabulaciones delirantes que no conducen a sitio alguno, siendo la mayoría de veces perjudiciales a largo plazo. Son muy características de las sectas o las torticeras intenciones sectarias manipuladoras.

El tercer caso es el de los estudiosos académicos que se interesan por el esoterismo occidental con una rigurosidad y fiabilidad máxima, reconstruyendo las verdades históricas sin distorsionar, para desmitificar todas las leyendas de perpetuación, así como contextualizar correctamente las tradiciones, doctrinas, creencias y prácticas.

Mi enfoque particular es acercarnos al primer caso, pero desde los conocimientos del tercer caso, prescindiendo lo máximo posible del segundo caso. Esto significa que para analizar una obra, trabajo o propuesta personal específica (como es el caso que nos incumbe con 'El GRAN LIBRO de MAGIA de la LUNA y la SERPIENTE') deberemos identificar primero qué partes de la obra, trabajo o propuesta personal específica pertenecen al primer caso, qué partes pertenecen al segundo caso y qué partes pertenecen al tercer caso.

Cuando llegó 'El GRAN LIBRO de MAGIA de la LUNA y la SERPIENTE' no sabía qué esperar, obviamente, aunque lo previsible en una obra, trabajo o propuesta personal específica de ese tipo es que sea muy probable que los contenidos pertenezcan principalmente al segundo caso, combinados, en el mejor de los escenarios y en menor o mayor cantidad, con el primer caso. Aunque el hecho de mi entusiasta recepción, tras la llegada del artefacto hace once días, tuvo que ver con la inusual franqueza y rigurosidad que Alan Moore ha demostrado siempre, a mi parecer, en lo poco que he podido leer sobre su concepción mágica ocultista (la de Steve Moore la desconocía porque nunca se tradujo 'Unearthing', la única obra de Alan Moore y Mitch Jenkins donde aparece la concepción mágica de su mentor y maestro), más allá de la impresionante escenificación aplicada (aunque ficticia) de esa concepción paradigmática crucial (la magia es arte y todo arte es magia) que le caracteriza, en los 32 números de 'PROMETHEA'.




Y todo fue genial hasta la llegada al más extenso ensayo de momento, 'CÁBALA. Arborismo para principiantes', que abarca 26 páginas a doble columna (de la 59 a la 85). Pero antes de entrar ahí, es necesario retomar la magia a nivel histórico.



Como ya vimos, la concepción de magia no se remonta al paleolítico (aunque los Moore sí lo hacen en su artefacto, pero de una manera brillante y con un enfoque creíble, elegante, evocador y artístico como solo ellos han conseguido hacer, en forma de cómic y una serie de 50 fichas seriadas que pretenden recorrer una muy singular, aunque discutible, historia de los "grandes hechiceros") ni tampoco al antiguo Egipto idealizado erróneamente por griegos y romanos, extendiéndose después en las fabulaciones esotéricas y ocultistas occidentales, de manera ininterrumpida hasta la actualidad, desde la Edad Media, el Renacimiento y la Ilustración, para llegar al mundo contemporáneo. Su verdadero origen es Persia (y eso los viejos Moore se encargan de señalarlo, aunque no con la rigurosidad histórica necesaria, pues pretenden remontarla hasta el paleolítico, unos 20.000 años atrás aproximadamente) en el contexto religioso del zoroastrismo. Y al entender las creencias esenciales de esa religión henoteísta monólatra (se acepta la existencia teológica de otros dioses, pero solo uno de ellos es considerado digno de adoración por parte de los fieles) precursora de los monoteísmos (solo existe un dios) o religiones abrahámicas del libro, entendemos todo lo que ha pasado a nivel histórico.

El zoroastrismo se fundamenta en las presuntas enseñanzas de un personaje mítico llamado Zoroastro (Zarathustra en avéstico) que se supone fue un antiguo profeta y filósofo iraní, cuya religión acabó siendo dominante en la antigua Persia. A nivel doctrinal solo reconoce como divinidad a Ahura Mazda, siendo el único creador increado de todo. Sus características divinas son El Supremo y El Absoluto. En la cosmología zoroástrica todas las divinidades menores son creación suya. En antiguo persa su nombre es Auramazdā. En parto y armenio varía, siendo Aramazd. En persa medio y nuevo es Hormizd, Hormuzd, Ohrmazd. Es un dios celeste omnisciente, abstracto y trascendente, sin imagen concreta. Sus manifestaciones son el fuego y la luz. También es el líder de los Amesha Spenta. Es una idea complicada de entender, que hace referencia a conceptos mentales presentados como verdades que ayudan a los humanos en su progreso hacia Ahura Mazda. Funcionan como una especie de ángeles de alto rango que acabaron siendo vistos como arcángeles. Pero Ahura Mazda tiene un opuesto llamado Angra Mainyu, también conocido como Ahrimán. No es un dios ni un ente, sino la representación del mal. Se le considera el jefe de todo mal, introductor de la limitación, la mancha y la enfermedad. De todas formas, es un concepto peculiar, pues se le considera hermano gemelo de Ahura Mazda y el opuesto de los Amesha Spenta. Escenifica la destrucción así como la fuente de todos los males en el mundo, existiendo, al igual que Ahura Mazda, desde la creación del mundo. Escogió el mal conscientemente y creó las enfermedades para provocar la llegada de la muerte. En el día del Juicio Final será destruido por los Amesha Spenta y desaparecerá del mundo para siempre. La concepción de Angra Mainyu es distinta a otras concepciones religiosas del mal, pues no se trata de un ser ni una entidad, sino la mala mentalidad del ser humano cuando comete demasiados errores sin rectificar, negando así su propio uso de la razón. Aunque tiene similitudes con la idea de Satán en el judeocristianismo (o Shaitán en el islam) no son equivalentes. Para el zoroastrismo ambos conceptos teológicos supremos (Ahura Mazda y Angra Mainyu) existen en permanente batalla como representantes de los dos principios morales, el Bien y el Mal, pero son hermanos gemelos.

Aunque se niega que el zoroastrismo sea un dualismo cósmico, en realidad su concepción teológica del Bien y el Mal sí es el origen de un modelo dualista radical de pensamiento que ha llevado al ser humano a vivir errado, debido a los problemas de la peligrosa superioridad moral religiosa derivada de creer en un bien y un mal supremos que se asocian a las creencias establecidas, delimitando subjetivamente cual es la definición de ese bien y de ese mal. En realidad se trata de posicionamientos morales inventados por humanos como reglas de convivencia, pero también de imponer una especulación sobre otras. Por ese motivo, ya desde el principio, la primera concepción religiosa de la magia estuvo imbuida por las creencias zoroastrianas en el Bien y el Mal, plasmándose en la práctica como magia blanca y magia negra.

Lunes, 25 de mayo de 2026.

9:47.

Ya en la antigua Grecia se desarrolló el concepto magia (mageía) a fondo y de ahí pasaría a Roma, aunque no tan asociado estrechamente a la religión como en Persia. Luego llegaría el medievo, donde tendría que tomarse un descanso, pues la imposición del cristianismo perseguiría su práctica con saña, distorsionando las concepciones mágicas con ideas retorcidas y perversas surgidas de una imaginación fabuladora muy delirante e intolerante. A partir de esa Edad Media y la creación de la idea de ciencias ocultas, la magia arrastraría el influyente condicionamiento judeocristiano, de una manera o de otra, hasta principios del siglo XX, cuando una serie de magos ocultistas muy influyentes y que cambiaron la historia de la magia, desarrollaron unas concepciones paradigmáticas renovadoras al completo. Aunque la verdadera tendencia que marcaría todo lo que hoy conocemos como magia ceremonial (y que los Moore reproducen desde el primer número del apartado 'ACTIVIDADES PARA LOS DÍAS DE LLUVIA' dedicado a la implementación práctica) se establecería en la segunda mitad del siglo XIX. Por tanto, la magia ceremonial, entendida incluso de la manera más ortodoxa y tradicionalista, se queda, como mucho, en el siglo XIX. Pero antes de llegar tan lejos, veamos el que tal vez fue ese momento histórico crucial para el desarrollo de las concepciones mágicas tal y como se entenderían a partir de entonces. 

A pesar de que todos los magos ocultistas (incluyendo ambos Moore) se han centrado principalmente en la cábala, hasta llegar al punto de ser la magia ocultista (destacando con diferencia la ceremonial) intercambiable con la idea de cábala (que no de la auténtica tradición cabalista), en realidad el verdadero punto de inflexión histórico es la gnosis, durante los primeros siglos de la Era Común. Aunque a veces se denomina gnosticismo, en realidad se trata de una denominación equívoca, o al menos nada exacta, pues nunca hubo un cuerpo doctrinal común que aunara de alguna manera las concepciones gnósticas, sino toda una serie de escuelas, doctrinas e interpretaciones muy dispares pero claramente diferenciadas entre ellas, que se acogieron a la idea de gnosis, con variaciones ideológicas irreconciliables. Muy probablemente por ese motivo sucumbieron con relativa facilidad a las persecuciones cristianas, hasta ser erradicados todos los movimientos gnósticos con saña y extrema violencia.

La gnosis se desarrolló principalmente en la ciudad egipcia de Alejandría, cuna de la cultura y el saber en la antigüedad, desde Grecia y los últimos siglos anteriores a la Era Común, aunque también hubo desarrollos gnósticos esparcidos por Oriente Medio. A pesar de que las escuelas, doctrinas e interpretaciones gnósticas eran muy variadas, no obstante siempre hubo un núcleo esencial a nivel ideológico y filosófico, combinación entre judaísmo y filosofía griega, al que se fueron incorporando nociones del naciente cristianismo, durante los primeros siglos de la Era Común. Poco a poco, la gnosis alejandrina se impregnó con tantas variaciones doctrinales y sectarias, que llegó a ser altamente difícil distinguir entre gnósticos y cristianos, perdurando hasta hoy en los expertos, exégetas y estudiosos las interpretaciones incorrectas o poco fiables, con la equívoca idea de que la gnosis fue cristiana o al menos un tipo de cristianismo heterodoxo y herético perseguido. Nada más lejos de la realidad.

Sea como sea, la clave histórica que marca el punto de inflexión en la historia de la magia es Alejandría, ciudad del norte de Egipto, principal puerto del país y segunda ciudad más importante después de la capital, El Cairo, durante los tres últimos siglos antes de la Era Común y los tres primeros siglos de la Era Común, fundada por Alejandro Magno en el 331 antes de la Era Común. Pronto se volvió el centro cultural del mundo antiguo, como ya vimos más arriba. Para esta historia de la magia su importancia reside en volverse el prisma que reflejó la fusión de todos los conocimientos y por tanto, el nacimiento de la gnosis. Evidentemente, la tradición de la gnosis no tiene ninguna relación con los inventos pseudognósticos descontextualizados y sin ninguna relación, que usaron el concepto gnosis como un significante vacío, entre finales del siglo XIX y la segunda mitad del XX, empezando por la invención del bibliotecario, escritor y ocultista francés Jules Doinel (1842-1902), que en 1890 fundó la Iglesia Gnóstica Universal, para terminar con el escritor y líder sectario colombiano Víctor Manuel Gómez Rodríguez (1917-1977) más conocido por el pseudónimo de Samael Aun Weor, fundador del Movimiento Gnóstico Cristiano Universal en 1954 aproximadamente (aunque el núcleo inicial de seguidores se formó en 1947), que tras su muerte se escindió en una amplia cantidad de sectas pseudognósticas derivadas, la más conocida de las cuales es el Instituto Gnóstico de Antropología (IGA) fundada por su esposa Arnolda Garro Mora de Gómez (1920-1998) más conocida por el pseudónimo de Litelantes.

Martes, 26 de mayo de 2026.

9:06.

Todo se torció para la magia tras la llegada del cristianismo como religión oficial del imperio romano durante la segunda mitad del siglo IV de la Era Común. De hecho, el cristianismo, a través de la iglesia católica, adoptará la esencia de lo que luego, por el tiempo, se conocerá como magia ceremonial, a través de su ritual, acto de culto principal y sacramento más importante, la misa. Y es debido a la prohibición que impone el cristianismo, como propone uno de los primeros estudiosos serios, precedente del acercamiento académico más fiable y riguroso, el filósofo, ensayista y crítico de arte francés Sarane Alexandrian (1927-2009), cuando nace la magia ocultista tal y como se conocerá a partir de entonces, es decir, como una disciplina del conocimiento humano independiente y desligada de cualquier otra rama principal, como la religión (a la que había estado ligada en Persia) o la filosofía. 

Alexandrian realizó un pionero estudio histórico serio, profundo y exhaustivo sobre el tema en su imprescindible libro Historia de la filosofía oculta (Valdemar, Madrid, 2003) publicado originalmente en francés en 1983, cuando el acercamiento académico todavía estaba en pañales, con precursores en el estudio de las religiones comparadas, como el teólogo y erudito alemán Rudolf Otto (1869-1937), la espiritualista, teósofa, erudita y fundadora británica del Círculo Eranos Olga Fröbe-Kapteyn (1881-1962), el filósofo e islamólogo francés Henry Corbin (1903-1978) o el filósofo, historiador de las religiones y escritor rumano Mircea Eliade (1907-1986), que marcó un significativo punto de inflexión en el estudio de las religiones comparadas, aunque los verdaderos precursores del acercamiento académico a la tradición esotérica occidental dieron comienzo con el historiador británico Daniel Pickering Walker (1914-1985), que estudió elementos de la tradición y la también historiadora británica especializada en el Renacimiento Frances A. Yates (1899-1981), que realizó trabajos muy notables sobre el hermetismo y Giordano Bruno (1548-1600). El primer sistematizador académico de la tradición esotérica occidental y el estudioso más notable, fiable y riguroso de todos en este asunto fue el historiador francés Antoine Faivre (1934-2021). En la actualidad ha surgido una forma todavía más desarrollada metodológicamente para el estudio académico del esoterismo occidental, promovida por el historiador neerlandés Wouter J. Hanegraaf.


No será hasta el Renacimiento (siglos XV y XVI) cuando la magia ocultista no solo despegue y coja fuerza, sino que sea sistematizada al completo por el erudito (teólogo, filósofo, médico, jurista) y escritor alemán Heinrich Cornelius Agrippa von Nettesheim (1486-1535), arquetipo de sabio renacentista especializado en las artes ocultas (alquimia, cábala, nigromancia), que le pondrá nombre y dará comienzo a la filosofía oculta, punto de partida del significativo estudio realizado por el citado Alexandrian. 

Pero lo más representativo del Renacimiento para la historia de la magia fue el hermetismo, tradición filosófica y religiosa basada en una serie de textos pseudoepigráficos conocidos como los 'Hermética', atribuidos a un personaje legendario ficticio, Hermes Trismegisto o el tres veces grande, combinación mitológica entre el dios griego Hermes y el dios egipcio Tot. Los escritos más significativos del hermetismo son una colección de 24 textos escritos en griego entre los siglos II y IV de la Era Común, conocidos como 'Corpus Hermeticum', conteniendo los principales axiomas y creencias herméticas. El mejor estudio exegético sobre el tema a mi juicio (e imprescindible para cualquier mago ocultista que se precie en serlo) está en los primeros diez capítulos del libro LA TRADICIÓN HERMÉTICA Y GIORDANO BRUNO (Erasmus Ediciones, Córdoba, 2023) de Frances A. Yates. 


No es posible entender la concepción, cosmovisiones e interpretaciones paradigmáticas de la magia ocultista, sin una sólida formación histórica, rigurosa y fiable en hermetismo, de ahí que también sea imprescindible acceder a una edición adecuada del 'Corpus Hermeticum'. La mejor y más reciente en mi opinión es 'Textos Herméticos' (Alianza editorial, Madrid, 2024) con edición (traducción, introducción y notas) a cargo de Jorge Cano Cuenca.


Es muy importante no confundir el hermetismo con la impostura pseudohermetista ideada en el siglo XX y plasmada en el libro 'El Kybalión', publicado originalmente en inglés en 1908 bajo el pseudónimo de Tres Iniciados, pero atribuido en realidad al abogado, comerciante, escritor y pionero estadounidense del Nuevo Pensamiento (movimiento filosófico y espiritual del siglo XIX muy influyente en el pensamiento positivo, la autoayuda y el movimiento nueva era, que se fundamenta en un idealismo radical extremo, cuyo postulado axiomático es que la mente, a través de los pensamientos, crea la realidad y cuya reinvención más actual es la llamada "ley de la atracción", reinterpretada por la productora televisiva australiana Rhonda Byrne) William Walker Atkinson (1862-1932), también conocido por el pseudónimo literario de Yogui Ramacharaka.

Y a partir de aquí se irán desarrollando diferentes enfoques mágicos que tendrán mayor o menor repercusión durante los siguientes siglos, a destacar las aportaciones del matemático, astrólogo, navegante y consejero real británico especializado en hermetismo (siendo sus áreas de estudio principal la alquimia, la adivinación y la filosofía hermética) John Dee (1527-1608), hasta la llegada de la Ilustración (siglo XVIII), donde se producirá un cambio esencial en las perspectivas religiosas y filosóficas de Occidente, dando prioridad a la incipiente ciencia, que en poco tiempo desarrollará una metodología sólida, diferente, muy rigurosa, exhaustiva y con impactantes resultados inequívocos que implicarán dejar atrás las ideologías religiosas y filosóficas, basadas en especulaciones subjetivas pero infundadas, promoviendo a su vez, cual resultado, un desarrollo tecnológico, médico, económico, industrial, higiénico y urbanístico sin precedentes. Esto dejó a la magia ocultista como algo residual y coyuntural, reducida a la marginalidad de peculiares intereses privados que se vivían con discreción, hasta la verdadera revolución mágica, que implicó un destacable renacimiento amplio del interés por la magia ocultista a mediados y finales del siglo XIX. 

El artífice principal de la reinvención mágica ocultista, que sentaría las bases teóricas, doctrinales y prácticas para el desarrollo de la posterior magia ceremonial, fue el escritor francés Alphonse Louis Constant (1810-1875), más conocido por el pseudónimo de Éliphas Lévi Zahed, que era la conversión de su nombre y apellido al hebreo. Este peculiar personaje polifacético (al principio intentó ser en su juventud un sacerdote católico, fracasando a mitad de sus estudios teológicos, para reconvertirse luego en político socialista pionero, antes de dedicarse definitivamente a la magia ocultista y la presunta enseñanza de cábala) marcaría el inequívoco punto de inflexión para la magia ocultista sin duda, aportando las ideas, concepciones e interpretaciones paradigmáticas más influyentes hasta la actualidad y catalogándola como Alta Magia. 

Todos los magos ocultistas, independientemente del enfoque usado, beben de las invenciones levianas en mayor o menor medida. El problema es que esas invenciones son totalmente fantasiosas, erróneas y especulativas en sumo grado, surgidas de la imaginación fabuladora de Lévi, pero sin ningún contacto, conexión ni relación alguna con los hechos históricos. Aunque pretendió realizar un estudio sistemático y exhaustivo de todas las doctrinas mágicas, así como de las tradiciones esotéricas occidentales, sus interpretaciones de la gnosis y el hermetismo fueron producto de invenciones propias desconectadas de los hechos históricos, iniciando así la dudosa tendencia a la interpretación pseudohistórica derivada en leyendas de perpetuación, que ya habían puesto en práctica, desde el siglo anterior, los francmasones (intentando remontar sus orígenes a los constructores de catedrales medievales y los templarios) o los rosacruces (el mayor fraude fabulador y embaucamiento colado de la historia).

Pero lo más significativo (aunque muy peyorativo y persistente) de Éliphas Lévi para la historia de la magia fue la inauguración de una moda equívoca y perjudicial que ha perdurado hasta la actualidad, perpetuada, desgraciadamente y para mi mayor disgusto, por los Moore en 'El GRAN LIBRO de MAGIA de la LUNA y la SERPIENTE': la errónea y desviada asociación de la magia ocultista (principalmente ceremonial) con una concepción pseudocabalista reproducida, con una amplitud de variantes, por la aplastante mayoría de magos ocultistas y ceremoniales influyentes; una concepción que bajo el amparo de la cábala, presenta y vende imposturas sincretistas descontextualizadas y reduccionistas hasta unos extremos solo alcanzados por la gimnasia psicofísica practicada hoy ubicuamente en cualquier gimnasio o centro especializado, a la que se le llama haṭha-yoga, pero no tiene ninguna relación con la verdadera darśana (escuela de filosofía ortodoxa hindú) yoga, lo cual reduce el asunto al uso del nombre cábala, cual carcasa o significante vacío, para vender una concepción distorsionada, pervertida e inexacta (pero muy popularizada) de únicamente una parte de la verdadera tradición cabalista, es decir, el famoso árbol de la vida y las diez sefirot, como si fuera la totalidad más importante de la cábala, cuando el archiconocido y legendario árbol ni siquiera aparece desarrollado al completo (aunque sí mencionado) en el texto angular y más importante de la verdadera tradición cabalista, el 'Zohar', siendo un desarrollo posterior. Pero... ¿qué es la cábala?

Martes, 26 de mayo de 2026.

21:01.

La cábala ('qabbālāh' en hebreo, con el significado de 'tradición') se define como "sistema de interpretación mística y alegórica de la Biblia judía", pero también "conjunto de doctrinas teosóficas basadas en la Biblia, que, a través de un método esotérico de interpretación y transmitidas por vía de iniciación, pretende revelar a los iniciados doctrinas ocultas acerca de Dios y del mundo". Básicamente esas dos definiciones de la RAE captan la esencia de la cábala que, a nivel histórico, es una escuela tradicional (aunque heterodoxa) de pensamiento esotérico, perteneciente al misticismo judío y por tanto, adherida al judaísmo. Su origen se remonta al siglo XII en el el sur de Francia (Languedoc), pero luego se desarrolló en España un siglo después. Tanto los cabalistas practicantes (históricamente nada fiables) como los pseudocabalistas desvirtuadores (la aplastante mayoría de magos ocultistas y autores referentes del ocultismo desde el siglo XIX hasta la actualidad) pretenden remontarla a la más remota antigüedad, pasando por los primeros siglos de la Era Común (algo que ya pretendía establecer su obra angular más importante, el 'Zohar'). Por eso no podemos fiarnos ni de los cabalistas practicantes ni mucho menos de los ocultistas referenciales que han hablado de conjeturas, así como especulaciones propias (normalmente influenciadas por el primer pseudocabalista más influyente de todos, Éliphas Lévi) fantaseadas y/o fabuladas sin ningún contacto con la realidad, ni siquiera del verdadero contenido de la cábala. Por tanto, estamos ante una cuestión compleja y difícil de discernir, de ahí que debamos prestar atención y ser lo más rigurosos posible, a fin de evitar caer en equívocos ni perder el tiempo con sincretismos espurios que descontextualizan las tradiciones de largo recorrido, volviéndose en el fondo ineficaces y vendiendo un significante vacío que solo parece cábala porque usa el nombre y una interpretación muy sesgada, subjetiva e incompleta de esa parte de la cábala que parece el todo pero solo es una parte: el árbol de la vida.

Para despejar un poco el asunto, que considero de gran relevancia, pues la magia ocultista, especialmente la ceremonial, apela a la cábala hasta tal punto, que llega a volverse indistiguible de ella y en muchas ocasiones incluso intercambiable con ella, veremos que hay, básicamente y a grandes rasgos, tres niveles, enfoques o formas de acercarse a la cábala. Solo dos son fiables y deberíamos combinarlos, dejando el tercero en suspenso, rechazándolo o en ciertos casos, como resultará ser el de los Moore en 'El GRAN LIBRO de MAGIA de la LUNA y la SERPIENTE', tomándolo con pinzas y contrastando en estudio comparativo, la forma más rigurosa de investigar, indagar y conocer con mayor exhaustividad sistemática.

El asunto quedaría así, según mi parecer: es necesario acudir a fuentes primarias si queremos aprender de verdad la esencia o los pilares de la cábala, es decir, a cabalistas practicantes que se acojan lo máximo posible a la tradición. Por motivos, imagino que obvios, los mejores cabalistas que he encontrado en mi vida han sido rabinos judíos, a destacar el muy notable libro EL CANTO DEL ALMA. Introducción a la Cábala (Ediciones Obelisco, Rubí, 2003) de rabí Iejiel Bar Lev. También me parecen apropiados los libros que escribió uno de los mayores exégetas cabalistas de la segunda mitad del siglo XX, rabí Aryeh Kaplan (1934-1983). Pero lo más importante para el estudio tradicional y serio de la cábala es la impresionante y sin parangón Colección Cábala y Judaísmo, de la editorial española (por lo demás muy prescindible a mi juicio) Ediciones Obelisco. No obstante, la rigurosidad histórica en lo que se refiere a los cabalistas practicantes es dudosa, pues suelen recurrir a leyendas de perpetuación en demasiadas ocasiones. De ahí que cualquier estudio cabalista serio que se precie en serlo debería comparar, en mi opinión, los contenidos de cualquier información transmitida, con los estudios que realizó el filólogo e historiador alemán nacionalizado israelí Gershom G. Scholem (1897-1982), reconocido unánimemente como el mayor experto mundial en cábala y/o misticismo judío.


En un punto intermedio pero dudoso tendríamos a autores como el español Eduardo Madirolas Isasa y el argentino Mario Sabán, grandes especialistas hispanoparlantes en cábala, pero que se han dedicado a intentar hacer conexiones cuestionables con temas que se salen del ámbito de la cábala y son más propios de las pseudociencias y el movimiento nueva era, como la psicología transpersonal o el misticismo cuántico.

Los autores pseudocabalistas que hablaron y escribieron sobre sus interpretaciones subjetivas, poco o nada válidas, deberíamos evitarlos o en todo caso tomarlos con muchas reservas, pues sus enfoques no son verdaderamente cabalistas ni fiables a ningún nivel, empezando con el ya citado Alphonse Louis Constant (1810-1875) más conocido por el pseudónimo de Éliphas Lévi y siguiendo con Samuel Lidell (1854-1918) más conocido por el pseudónimo de MacGregor Mathers, Edward Alexander Crowley (1875-1947) más conocido por el pseudónimo de Aleister Crowley o Violet Mary Firth Evans (1890-1947) más conocida por el pseudónimo de Dion Fortune... citando solo unos pocos muy influyentes, entre otros muchos, que escribieron largo y tendido sobre "cábala", aunque en realidad escribieron más bien sobre pseudocábala. Muy a mi pesar, como ya dije, se unen Steve Moore (1949-2014) y Alan Moore con el capítulo 'CÁBALA. Arborismo para principiantes' (páginas 59 a 85) de 'El GRAN LIBRO de MAGIA de la LUNA y la SERPIENTE'.

Como un estudio comparativo detallado extendería más este post ya suficientemente extenso y también implicaría un trabajo que tal vez excede mis competencias actuales, veamos solo una pequeña comparativa entre la introducción de los Moore en 'CÁBALA. Arborismo para principiantes' y el más que solvente capítulo 'LOS MISTERIOS DE LA KABBALA' (páginas 111 a 174) del fundamental libro 'Historia de la filosofía oculta' de Alexandrian.


En '¿QUÉ ES LA CÁBALA?' (página 59) los Moore afirman esto: "La cábala es un sistema de conocimiento proveniente del mundo antiguo, y persigue cartografiar todo el universo concebible de las ideas humanas en un diagrama de treinta y dos elementos conocido como el Árbol de la Vida. [...] Sin embargo, antes de usarlo en nuestras excursiones esotéricas, hay que entender su historia y los principios que cimentan este sistema extraordinario". 

A continuación, en la doble columna de la misma página, viene otro apartado titulado 'SU VIDA Y SU ÉPOCA': "[...] Es muy probable que lo que acabó convirtiéndose en la cábala tuviera su origen en las primeras observaciones celestes de nuestra especie, así como en la subsiguiente catalogación del Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno como los siete "planetas" clásicos. [...] En lo que hoy es Egipto, la antigua tierra de Kēme (de la que derivan las palabras "alquimia" y "química") era célebre por sus avances metalúrgicos y por la creación de nuevas aleaciones ingeniosas. Regidos por una cosmovisión sincrética, adscribían cada metal a un planeta, y cada planeta a un dios o diosa concreto que, a su vez, podía asociarse a una larga ristra de plantas, animales sagrados, gemas y demás, todo ello hilado en un rico tapiz de correspondencias a medida que la noción pasaba de cultura en cultura, de civilización en civilización". 

De esta manera sorprendente y que necesité leer varias veces seguidas porque no salía de mi asombro por las infundadísimas especulaciones divagantes como nunca he visto, ni en los peores autores pseudocabalistas, ambos Moore siguen hablando del pitagorismo como origen de las diez esferas, pretendiendo, imagino, sugerir que de ahí proviene el modelo del árbol de la vida (porque no lo dicen explícitamente ni tampoco aclaran nada en momento alguno, pero lo sugieren con divagaciones inconexas e inconclusas), en el que centrarán su atención obsesivamente, como si eso fuera toda la cábala (cuando en realidad es importante, pero solo una pequeña parte). 

Del pitagorismo griego pasan a la Alejandría de los primeros siglos de la Era Común, haciendo conexiones con los textos alquímicos comunes (pero sin referirse en ningún momento a la gnosis, el verdadero fenómeno filosófico y religioso de la época citada), para introducir la primera mención explícita y concreta a la cábala, sin divagar, aunque totalmente incorrecta e insostenible, en la primera columna de la página 60: "[...] Es probable que este ambiente fértil diera lugar a lo que hoy en día conocemos como la cábala, plausiblemente cuando los estudiosos judíos se toparon con textos pitagóricos traducidos al hebreo y se percataron, por primera vez, de que las diez esferas celestes encajaban perfectamente con su sistema de numeración decimal. Tras asignar un número a cada esfera y disponerlas en un patrón que les pareció significativo, observaron que, si conectaban las diez esferas mediante veintidós líneas o senderos, estos se corresponderían exactamente con las veintidós letras del alfabeto hebreo. Este fue el origen del diagrama del Árbol de la Vida como mapa del universo conceptual, y la lógica subyacente es que, con solo diez números y veintidós caracteres, es posible representar todo lo que pueda imaginarse en la infinitud del cosmos, propuesta esta que podríamos declarar autoevidente". 

Nada más lejos de la realidad, aproximadamente unos 1.500 años después (casi nada la broma) de las infundadas especulaciones mooreanas², pues si bien es cierto que Etz Jaim o el Árbol de la Vida tan citado aparece por primera vez en el 'Séfer Ietzirá' (libro de origen desconocido, con especulaciones que intentan datarlo entre el siglo II y el X de la Era Común), no obstante la idea de diez esferas (sefirot) conectadas con veintidós senderos (las veintidós letras del alfabeto hebreo), procede del diagrama moderno y más conocido popularmente, creado en realidad por el rabino cabalista Isaac Luria (1534-1572) en el siglo XVI.

A partir de aquí siguen las sorpresas con el resto de conexiones mooreanas², presuntamente "cabalistas", con John Dee, en pleno Renacimiento, para dar el salto histórico a Éliphas Lévi, dando por válida la invención pseudocabalista de este peculiar personaje, rechazada por cualquier cabalista practicante serio o experto en cábala de verdad: conectar las letras hebreas con los arcanos mayores del tarot de Marsella, en los veintidós senderos del árbol de la vida, zanjando la cuestión con el veredicto dado por Crowley, "- consistente en que, en lugar de cavilar sobre el trasfondo romántico de un sistema, lo que deberíamos preguntarnos es, simplemente, si funciona -" (página 61). Ya, bueno... ¿hasta el punto de no citar ni de pasada a uno solo de los verdaderos cabalistas, sus textos fundamentales o al menos un ápice de hechos históricos?

Miércoles, 27 de mayo de 2026.

1:07.

Veamos la diferencia con lo que exponía Alexandrian en su muy documentado y riguroso libro 'Historia de la filosofía oculta' para comparar: "Hoy sabemos que la Kabbala aparece históricamente después de la Gnosis, cosa que se ignoraba hasta mediados del siglo XIX, y la decisión adoptada en este libro de presentar a los gnósticos como los primeros filósofos ocultos habría causado sorpresa. Los kabbalistas se jactaban de transmitir a través de los siglos las enseñanzas de Moisés, es decir lo que no había querido divulgar en el Pentateuco de las revelaciones que recibió de Dios en el monte Sinaí, prefiriendo confiar oralmente las nociones más importantes a setenta ancianos de Israel, a fin de que ellos las transmitiesen a unos pocos iniciados, y así sucesivamente de generación en generación. [...] Creían, pues, que se trataba de un saber esotérico que se remontaba a los tiempos de Moisés, o sea a unos mil doscientos años antes de Cristo; e incluso en el Génesis, ciertos rabinos pretendían que la Kabbala reconstruía las instrucciones comunicadas por Dios a Adán durante su sueño para permitirle poner nombres a la Creación. En realidad la Kabbala nació en la Edad Media a lo largo del siglo XII en Francia, y más exactamente en Languedoc" (páginas 111 y 112). 

A partir de aquí, Alexandrian trazará un verdadero estudio serio, de la mayor rigurosidad posible, citando fuentes autorizadas, por ser eruditos, estudiosos o especialistas en el tema, así como haciendo un recorrido por los cabalistas verdaderos más reconocidos e influyentes a nivel histórico, estudiando sus textos principales, pero también hablando de las amplias ramificaciones que tuvo, diferenciando la cábala filosófica de la cábala práctica y haciendo genuinas conexiones históricas veraces, como la cábala cristiana, a partir de Pico della Mirandola (1463-1494), pasando por el siglo dorado y llegando hasta Éliphas Lévi... ¿cómo no? Aunque después de trazar una biografía exacta, exhaustiva y objetiva del personaje, en nueve páginas (de la 151 a la 160), no obstante la opinión de Alexandrian es mucho más ajustada a la realidad: "Hay que tener presente que Éliphas Lévi, en sus trabajos históricos, es un romántico, con todo el encanto y todos los defectos del género; la Kabbala es para él lo que Francia para Michelet: el objeto de un culto que autoriza las peores exageraciones. Coteja antiguos manuscritos como un estudioso paleógrafo, pero se sirve de ellos con un lirismo que le lleva más allá de la verdad. No duda nunca de una apariencia si se acomoda a su deseo" (página 156).

A partir de aquí 'CÁBALA. Arborismo para principiantes' se desarrollará en la misma línea desconectada de cualquier hecho cabalista veraz, para presentar una peculiar, curiosa e ingeniosa y muy creativa interpretación subjetivista mooreana² sobre el árbol de la vida y las diez esferas (sefirot en plural; sefirá en singular), entendiendo que estamos ante una invención que es cualquier cosa menos cábala de verdad. Siempre que tengamos esto claro, contrastando la información presentada por estos genuinos magos ocultistas y artistas muy creativos, con libros verdaderamente de cábala, donde haya un "arborismo" cabalista más fiable y riguroso, podemos sacar no pocas ideas sugerentes para nuestra práctica mágica de la Luna y la Serpiente.

En fin, como esto ya se alargó lo suficiente, creyendo, por mi parte, haber expresado lo suficiente mi opinión, me retiro, dejando las ideas y sugerencias en el aire. Con esta información cada cual deberá elegir por su cuenta. Seguramente continuaré el estudio a fondo de 'El GRAN LIBRO de MAGIA de la LUNA y la SERPIENTE' a ver qué sorpresas más (agradables y/o desagradables) me trae.

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