Hoy vuelve el genio de Northampton (en su faceta de mago ocultista) por estos lares
Miércoles, 13 de mayo de 2026.
9:49.
Eran las 9:12 del pasado viernes, 17 de abril de 2026 cuando a mi mujer le entró la notificación en Amazon: "Pensamos que te gustaría conocer el próximo lanzamiento de un autor al que sigues".
Enseguida me avisó: "oye, mi amor... ¿te has enterado de lo nuevo que sale de Alan Moore?".
Si ahora mismo estás pensando como un friki del noveno arte, olvídate de este post porque no va dirigido a ti: no voy a hablar de ese Alan Moore creador de cómics que renovaron las historietas de superhéroes y/o personajes superheroicos disfunciales que marcaron un punto de inflexión.
Respondí ipso facto, de inmediato, como si mi mujer hubiera accionado un mecanismo automatizado. Pero al contestarle sobre lo que yo pensaba (sin tener verdaderas noticias de que eso fuera el próximo lanzamiento), ella me rectificó.
Y nada podría haber sido más importante, evocador y trascendental que esa magnífica rectificación inesperada.
Entonces me lo enseñó.
Me quedé estupefacto, mirando la pantalla, con el cerebro confuso.
Fue uno de esos momentos únicos, disruptivos, especiales, donde el mundo se detiene porque de repente adquieres conciencia de lo que viene... un acontecimiento editorial que, muy probablemente, te va a cambiar la vida... o al menos a desencadenar una marabunta de estímulos, emociones, ideas, especulaciones, investigaciones.
Resulta que la editorial Planeta Cómic publicaba hoy, casi un mes después, un ¿cómic, libro? de Alan Moore y Steve Moore.
Pero aquí debo detenerme para empezar la indagación que aclare las cosas.
¿Te apetece acompañarme en este mágico viaje?
No creo que pueda existir en el mundo entero un solo aficionado al noveno arte que no sepa de lo que hablo cuando hablo de Alan Moore.
¿Qué pasa si invoco el nombre anglosajón Alan y el apellido no menos anglosajón Moore?
Tras haberlo investigado a fondo, durante unos cuantos años, me parece que no iría muy desencaminado si hiciera esta pretenciosa (pero tal vez exacta) afirmación: el mejor y más importante guionista de cómics de la historia.
He aquí el nivel de conocimiento friki básico para cualquier entendido en noveno arte... pero a diferencia del resto de buenos guionistas que podrían disputarle el informal título friki a Alan Moore, el genio de Northampton es mucho... muchísimo más que eso... además... el asunto alanmooreano llega tan... tan... pero que tan sumamente lejos, que ya hace una década que eso no es ni siquiera un conocimiento válido, por anacrónico, desfasado y obsoleto.
A pesar de su indiscutible talento y maestría a la pluma comiquera que le caracteriza (caracterizaba, mejor dicho), la imaginación, creatividad e invenciones alanmooreanas son, literalmente, inimitables, inigualables e inmortales. Por descontado que le sobrevivirán tanto a su vida como a su muerte... muy a su pesar.
Por si acaso no lo sabías, el genio de Northampton lleva muchos años (décadas) en completa oposición y enfrentamiento a la depredadora industria del cómic (¿qué industria editorial no lo es?), debido al tema de los derechos de autor (no únicamente los suyos, sino los de todos sus compañeros de profesión).
A tanto ha llegado ese (justificado de sobra) enfrentamiento, que hace una década el genio de Northampton, después de varias tentativas serias, decidió abandonar, hastiado, el codicioso mundo del noveno arte.
Primero terminó los proyectos que tenía en marcha y luego todavía participó en algún otro proyecto, pero de manera residual... tomando la decisión más importante de su vida, en la recta final de la madurez y el inicio de su productiva y más creativa, si cabe, literaria vejez.
Pero cuidado, pues no solo ha renegado de casi todas sus creaciones comiqueras tan emblemáticas, célebres y celebradas (si estuviera en sus manos las haría desaparecer ahora mismo), sino que también se ha opuesto, con la mayor vehemencia, a cualquier adaptación cinematográfica hollywoodiense de esas creaciones, negándose a que su nombre aparezca en los créditos.
Esto último no es una tontería caprichosa del ego de un autor encumbrado a la cima por méritos propios más que sobrados, ni tampoco una pose o postureo moral tan de moda hoy, sino una de las más sinceras, auténticas, genuinas, íntegras, coherentes y comprometidas declaraciones de intenciones encarnadas, pues ha renunciado a todos los millonarios beneficios que le hubiera reportado aceptar y dar el beneplácito a las adaptaciones al séptimo arte de sus creaciones, como le propusieron varios productores en infinidad de ocasiones, desde hace dos décadas.
Para quien no esté de acuerdo con el sistema social y económico imperante, basado en la mercantilización monetizable del tiempo de vida, así como de las personas y cualquier bien o servicio... pensado únicamente para el lucro y sin alternativa hacia quien no entiende, no quiere o simplemente se niega a cuantificar su tiempo de vida en una monetización, renunciando a lo que un sistema de convivencia colectiva basada en la mercantilización genera (básicamente codicia y avaricia, aunque su sofista retórica venda prosperidad para todos, lo cual, como mínimo, es discutible, si nos atenemos a los hechos), Alan Moore es un claro ejemplo ético de que no todos tenemos un precio, como afirma la popular creencia.
Y fue precisamente hace una década cuando el genio de Northampton se reinventó como escritor, su verdadera pasión y fascinación, a la que había querido dedicarse toda la vida, desde bien pronto, aunque el noveno arte le absorbió esa productiva vida en la segunda mitad de la década de 1980.
Su primer intento de incursión literaria vio la luz en 1996 (aunque llevaba desde la misma década de 1980 escribiendo relatos cortos de ficción, en paralelo a su consolidación como el mejor guionista de cómics). Se tituló 'Voice of the Fire'. Fue publicada por la significativa editorial británica Victor Gollanz Ltd, fundada en 1927. Fue una de las editoriales más importantes del siglo XX en inglés. Hoy sobrevive de manera residual como sello de Orion Publishing Group, aunque ha quedado reducida a la publicación de literatura de género (fantasía y ciencia ficción en particular). Aunque el libro está catalogado como novela, en realidad se trata de una serie de relatos (doce en total) independientes pero entrelazados en el trasfondo. Son relatos históricos, en clave mágico-lingüística, que se ubican en el mismo mes (noviembre) de la misma ciudad (Northampton), a lo largo de unos 6.000 años. Una década después la editorial española Planeta DeAgostini publicaría la primera traducción, que titularía 'La voz del fuego'. Transcurrida otra década (doce años para ser más exacto) Roca editorial (sello actual de Penguin), publicaría la reedición definitiva hasta hoy, de título homónimo.
Esta primera curiosa incursión marcaría el estilo literario y la peculiar pluma de un Alan Moore complejo, reflexivo, difícil de leer, que elude el mero entretenimiento facilón de masas... un Alan Moore muy distinto al conocido popularmente como guionista de cómics... un Alan Moore que no quiere distraernos, sino volvernos conscientes de infinidad de aspectos en los que la mayoría jamás pensamos, ni siquiera nos lo planteamos... pero el asunto no solo queda ahí, sino que tiene más intenciones (que pronto descubriremos).
Si bien el genio de Northampton, como ha contado en infinidad de ocasiones largo y tendido, siempre tuvo un interés muy extraño (para el común de los mortales) y peculiar por la magia ocultista (no la mal llamada "magia" de salón, basada en trucos y engaños ópticos, mejor catalogada como prestidigitación e ilusionismo, si nos atenemos a los hechos históricos rigurosos), no obstante fue un simple interés intelectual, hasta que empezó la década de 1990.
El jueves, 18 de noviembre de 1993, día de su 40 aniversario, anunció en público (con preocupación para su familia, como ha contado en alguna ocasión su hija mayor, la también guionista de cómics Leah Moore), durante la celebración de la fiesta de cumpleaños, que a partir de entonces iba a dedicarse en serio a la práctica de magia ocultista.
Su iniciación tuvo lugar el viernes, 7 de enero de 1994.
A su lado estuvo Steve Moore (1949-2014), un guionista de cómics británico al que le unía una gran y muy estrecha amistad, aunque ningún parentesco, a pesar de tener el mismo apellido.
Steve fue el mentor y guía de Alan en muchos aspectos, aunque solo tuviera cuatro años más que el genio de Northampton.
Steve, por ejemplo, fue el mentor comiquero que le enseñó a Alan cómo escribir guiones de cómic, ayudándole a introducirse en la industria del noveno arte a finales de 1977, cuando Alan daba sus primeros pasos, con apenas 24 años de edad, mientras Steve, con 28, ya era un guionista consolidado (aunque, ironías del destino, Alan llegaría a ser el mejor y Steve apenas sería conocido, quedándose al margen debido a las decisiones que tomó).
Ambos se conocieron en 1969 durante la segunda convención de cómics que tuvo lugar en el Reino Unido.
Desde el principio Steve se convirtió en un mentor para Alan en diversos aspectos, pues también le enseñó al joven e inexperto Alan que las drogas psicodélicas (ingeridas por él desde la adolescencia en contextos lúdicos y/o recreativos en exclusiva) también podían usarse para explorar la mente y los vastos pero desconocidos espacios interiores.
Y cuando Alan decidió declarar en público que tenía la intención de convertirse en mago ocultista, Steve, también interesado por esa misma disciplina del conocimiento humano desde tiempo ha, volvió a ser su mentor.
De hecho, no solo fue su mentor, sino que le diseñó el rito de iniciación.
Pero Steve no fue simplemente una persona curiosa que se interesó por la magia ocultista, sino un devoto creyente y practicante tan comprometido, que acabó hipotecando su carrera profesional como guionista de cómics para dedicarse en exclusiva a la magia ocultista hasta niveles que muy pocos han llegado.
Si quieres saber más y mejor sobre este asunto que te acabo de contar, deberías leer el imprescindible libro sin parangón que escribió el profesor académico especialista en teoría del cómic y escritor español Roberto Bartual... el estudio definitivo hasta hoy, en mi opinión, sobre la faceta mágica alanmooreana: occulture. ALAN MOORE: AL OTRO LADO DEL VELO (Ediciones Marmotilla, Alcalá de Henares, 2024).
Miércoles, 13 de mayo de 2026.
12:54.
Acaba de llamar al timbre el repartidor de Amazon, mientras yo seguía absorto escribiendo este post improvisado.
He salido corriendo, disparado de la habitación, para recorrer el breve pasillo a toda velocidad y abrirle al repartidor, tras decirle por el interfono que me dejara el paquete en el ascensor, con una emoción desbordante, aunque sin saber muy bien lo que me iba a encontrar y cómo sería.
Como siempre me sucede cuando espero algo con gran interés, el tiempo se ha dilatado subjetivamente de tal manera plástica y elástica, que daba la impresión de que el ascensor nunca llegaría a la entrada, el repartidor no pondría el paquete dentro y luego lo más difícil todavía: jamás llegaría al cuarto piso, tras pulsar el botón, después de una dilatadísima espera... ¡cuatro pisos podrían suponer perfectamente la eternidad inabarcable, insondable, inagotable, interminable!
Pero llegó, después de recapitular desde el Big Bang hasta el Big Crunch.
No sabía lo que esperar, pero al menos imaginaba algo espectacular, pues el Grupo Planeta tiene precios estandarizados y un cómic por el que te pide 50 euros exactos va a ser una bestialidad.
De entrada la primera impresión ha sido muy favorable: el paquete era bastante más grande de lo que esperaba.
Al cogerlo, el peso y el tamaño encajaban. Aunque lo había imaginado exactamente al revés: más pequeño pero más grueso.
Lo he abierto con una ilusión desbordante, esperando algo espectacular, pues a pesar de lo poco que se ha publicado en castellano sobre la faceta de Alan Moore como mago ocultista (y casi en exclusiva por parte de La Felguera hasta hoy), nada de ello venía escrito en colaboración con Steve Moore.
Y ahí es donde radica la expectación que no daba casi cabida a la posibilidad alguna de equivocación, al saber la dedicación comprometida, con la máxima obsesión y hasta sus últimas consecuencias, que tuvo Steve Moore con la magia ocultista hasta su muerte, abandonando los estudios sobre magia del caos en su momento, debido al dogmatismo atrasado que presentó a su juicio la IOT (Illuminates of Thanateros), esa famosa organización británica creada por los cofundadores de la magia del caos, a través de la cual se dio a conocer el paradigma posmoderno y disruptivo más popular de magia ocultista, en el último cuarto del siglo XX.
Hace cuatro décadas Steve ya había ido mucho más lejos de lo que nunca llegó ni a rozar la magia caota.
Por ese motivo, este grimorio indescriptible, disfrazado en forma de cómic y libro ilustrado, aunque solo en algunos apartados, que se desarrollan como fichas seriales, se convierte, automáticamente y por derecho, así como sobrados méritos propios, en el grimorio de grimorios.
Si alguna vez tuviste el más mínimo interés por la magia ocultista, es imprescindible que te agencies un ejemplar (como mínimo) cuanto antes.



































