Releyendo (por enésima vez) 'EL MANDRIL DE MADAME BLAVATSKY'
Miércoles, 15 de julio de 2026.
19:11.
De repente y debido al revuelo provocado inesperadamente por la llegada del último libro de Krishnamurti y todas las turbulencias (acordes a mi situación personal en la actualidad) que me ha hecho vivir, se despertó una lectobibliófila necesidad imperiosa de recuperar EL MANDRIL DE MADAME BLAVATSKY hace unos días.
Y dicho...
Y hecho...
El pasado domingo, 12 de julio de 2026 localicé un ejemplar de segunda mano a un precio razonable (oscilan entre los 20 y los 58 euros) en IberLibro.com. No me lo pensé dos veces cuando vi un ejemplar en la librería Dante de Alicante (librería especializada en libros de segunda mano por la que suelo pasar a menudo). Lo pedí y compré de inmediato por 24 euros (mas 5 de envío). Hice una cuenta a mi nombre (no tenía) y la transacción fue directa, sencilla, rápida, eficiente a más no poder. Al día siguiente, lunes, 13 de julio de 2026, me llegó un correo electrónico de confirmación y envío por Correos. Aunque las fechas estimadas de entrega oscilaban entre el 18 y el 21 de julio, llegó ayer a la dirección estipulada.
Im-pre-sio-nan-te...
Jamás tuve constancia de algo similar. O necesitaba tanto el libro que lo "atraje" (más bien "seduje") al más puro pensamiento mágico y/o "ley de la atracción"; o en la librería Dante tenían tantas ganas de quitarse el ejemplar de encima que no escatimaron atenciones y esfuerzos (supongo que para que no me echara atrás).
Ayer llegó el paquete...
Y este mediodía he iniciado la (enésima) relectura que, como siempre, no deja de...
Sorprenderme...
Y fascinarme...
Y atraparme...
En su hechizo...
En su embrujo...
La 'INTRODUCCIÓN. EL COLOR TURQUESA' (páginas 15 a 18) no podría ser más escueta... pero tampoco tan emblemática... donde el autor... un desconocido y anónimo Peter Washington... británico... del que ya no he sido capaz de encontrar algo suyo en sitio alguno (ni falta que hace después de este libro)... teniéndome que conformar con el brevísimo perfil biográfico de la solapa interna de la portada (donde aparece, hace 31 años, como escritor especializado en crítica literaria)... empieza apostando fuerte... con una evocadora crítica (que mostrará su escéptico ingenio escrutador sin parangón y peculiar afilada pluma para estos menesteres, es decir, desglosar el perfil de gurú occidental como arquetipo, que ya no he vuelto a ver más a ese nivel) al que por entonces todavía era un ex futbolista y presentador televisivo británico en proceso de reconversión en un representante decimonónico de la espiritualidad nueva era, aunque en una primera fase, pero que acabaría convertido, como muchos, en un referente de aquello que hoy se llama conspiritualidad: la fusión entre espiritualidad nueva era sincrética hasta el absurdo y teorías conspirativas infumables (por una parte) e infames (por otra parte). Me refiero al teórico de la conspiración (creador de los archivillanos imaginarios reptilianos) y escritor David Icke.
A partir de ahí, el análisis de Peter Washington se volverá único...
Diferente...
Lúcido...
Esclarecedor...
Inapelable...
Hasta llevarte al extremo, si eres creyente (en lo que sea, especialmente la espiritualidad)...
No hay vuelta atrás...
Después de leer EL MANDRIL DE MADAME BLAVATSKY...
O te sumerges de pleno en la espiritualidad...
O te replanteas tu vida y le das un giro...
Giro que puede tardar tres...
O treinta años.
Lo primero que he recibido nada más empezar la lectura (suspendida en la página 26 para ir a almorzar, sin retomar la lectura hasta ahora, bien entrada la tarde) ha sido una de esas lecciones que ponen de relieve la condición humana tan frágil, falible y equivocada.
El descubrimiento me ha causado confusión y consternación al principio (un momento breve pero que ha parecido eterno), para pasar a una silenciosa e interna carcajada a mandíbula batiente.
Me explico: en la página 17 viene un interesante pie de página que afirma esto: "El plural de médium debiera ser media, pero temo que el lector no me entienda si lo escribo correctamente. Perdóneseme esta pequeña licencia. (N. del T.)".
Por algún motivo, evidentemente siempre he sido muy tiquismiquis con los detalles del lenguaje, así que esta aclaración la tomé muy en serio desde el comienzo de la lectura del primer ejemplar, a finales de 1999 (porque el libro empieza en la página 12). Luego la seguí recordando y manteniendo en las sucesivas lecturas posteriores de otro ejemplar como mínimo. Supongo que este será el tercero. Pero en algún momento mi cerebro lo confundió todo dándole la vuelta y por tanto, diciéndolo al revés. Así que esta mañana me he dado cuenta de que llevo repitiendo la nota del traductor sobre médium (singular) y media (plural), no médiums, al revés, es decir, media para singular y médium para plural. ¡Tremenda soberana cagada! Por eso no puedes fiarte de nadie (como ves, desconfía de mí el primero porque ni yo mismo puedo confiar en mí). Así que antes de repetir algo que das por bueno como un loro (en el caso de que algo de mis argumentos y especulaciones te convenza)...
Duda...
Cuestiona...
Ve-ri-fi-ca...
Compara...
Contrasta...
El primer capítulo 'UNO. LA FUENTE Y LA CLAVE' (páginas 19 a 38) es una espectacular introducción al fenómeno del gurú occidental antes de que se consume y establezca el fenómeno del gurú occidental en el segundo capítulo. Por tanto, podríamos estar perfectamente hablando del fenómeno pregurú occidental, que Peter Washington centra en una serie de figuras de los siglos XVIII, pero especialmente XIX. Habla de ciertas comunidades religiosas cristianas protestantes y anglosajonas, establecidas en forma de protocomunas sectarias experimentales, donde luego, en forma de dinámicas copiadas y calcadas, se moverán, desarrollarán y establecerán sus negocios particulares los gurús occidentales. Trata varios casos, empezando por el del reverendo británico Henry James Prince (1811-1899); pasando por el del clérigo británico Thomas Lake Harris (1823-1906)... y terminando con el del escritor británico Laurence Oliphant (1829-1888). Entre medias asistiremos al nacimiento del espiritismo, con las hermanas Fox (en 1848), además de un análisis muy reducido pero interesante de la ciencia cristiana, creada por la escritora estadounidense Mary Baker Eddy (1821-1910), o destacando el análisis de dos figuras capitales: el condicionante científico, místico y escritor sueco Emanuel Swedenborg (1688-1772), figura clave para entender el fenómeno del gurú occidental, y el médico alemán Franz Anton Mesmer (1734-1815), fundador del mesmerismo.
Es fundamental a mi juicio entender un modus operandi que cualquier persona espiritual o al menos interesada en la espiritualidad puede reconocer con evidencia (a menos que esté muy sumida en su sistema de creencias y sin capacidad alguna para sostener una pequeña lucidez metacognitiva). Nos lo explica Peter Washington en el primer capítulo, páginas 36 y 37: "En ese momento, Oliphant hizo una jugada que iba a ser arquetípica entre los discípulos de los gurúes occidentales. En lugar de abandonar la vida religiosa, disgustado por la conducta de su maestro —y otras evidencias condenatorias que empezaba a acumular acerca de aquello— acometió la separación de la doctrina de Harris de la persona de Harris. Arguyendo que aunque el hombre se había corrompido y se había hecho arrogante, no había nada intrínsecamente equivocado en su enseñanza, Oliphant continuó fiel a ella".
Jueves, 16 de julio de 2026.
6:34.
En el segundo capítulo '2. JACK Y MALONEY' (páginas 39 a 57) será donde se establezca la estructura inicial y dinámica que llevará hasta el final. Porque básicamente el libro es una recopilación biográfica exhaustiva, crítica y escéptica (documentada a través de una bibliografía rigurosa e investigación académica espectacular) de una serie de personajes de finales del siglo XIX y mediados del XX, que ejercieron el rol más público y popular de aquello que el autor llama el gurú occidental.
Y este segundo capítulo se fundamenta en los dos personajes que le dieron comienzo: la escritora y médium rusa Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891), que a su vez le da un elocuente título al libro, así como el militar, abogado y periodista estadounidense Henry Steel Olcott (1832-1907) —hay un detalle interesante en la página 40: la equivocación en la fecha de nacimiento, que el autor establece en 1836—. Ambos fueron los cofundadores principales de la Sociedad Teosófica en 1875. Y fue esa organización ocultista y espiritual, con tintes orientalistas superficiales pero incorrectos, la que puso de moda el fenómeno del gurú occidental y sus inequívocas, repetitivas, dinámicas, analizadas al detalle por Peter Washington a lo largo de todo el libro, durante casi 400 páginas y un elenco muy peculiar de personajes, la mayoría de ellos derivados de la propia Sociedad Teosófica, a los que le seguirá toda su trayectoria vital, durante 19 capítulos más. Por eso considero que es un libro tan importante, en especial para las personas que les interesa la espiritualidad, destacando a las más deslumbradas por ella.
Adenda.
Sábado, 18 de julio de 2026.
23:53.
Avanzando lento y despacio por EL MANDRIL DE MADAME BLAVATSKY en la enésima lectura, probablemente tercer ejemplar (que recuerde) recuperado, he llegado ahora mismo al momento en que entra en escena por primera vez el nombre de Krishnamurti. Lo hace en la página 131, la segunda del capítulo 'SIETE. MUCHACHOS Y DIOSES (páginas 130 a 147).
Si bien no era mi intención continuar con este post, no obstante la aparición krishnamurtiana ha supuesto un revuelo interior que me ha estimulado la apertura del post ya cerrado, para escribir una adenda que no llegará a nadie, pues, como siempre sucede en internet y sus modas impuestas, no importa la calidad del contenido virtual creado, en la era digital de la transmisión continua de información da absolutamente igual esa calidad, solo importa la cantidad y por tanto, cualquier contenido no vale nada más allá de las visitas iniciales, muriendo. Este post caducó hace un día. Así que ya fue visitado por quien lo tenía que visitar. Esto significa que voy a deleitarme con la lenta escritura pausada, mientras sienta algo que escribir, si es que acaso lo siento.
La primera frase de la aparición —entre la última línea de la página 131 y la primera línea de la página 132— es legendaria a mi parecer: "La historia del descubrimiento de Krishnamurti ocupa la parte central de la mitología teosófica".
Durante 92 páginas el autor nos ha contado —entre los capítulos dos y seis— toda la historia de la Sociedad Teosófica, la organización clave para entender la espiritualidad posmoderna y nueva era al completo, así como la historia y configuración de las creencias esoterocultistas más comunes desde el siglo XX, copiadas y calcadas por infinidad de autores, organizaciones, sociedades secretas y líderes sectarios derivados —como Guy Ballard (1878-1939) y el I Am Activity; Alice Ann Bailey (1880-1949) y Lucis Trust; Connie Méndez (1898-1979) y el Movimiento de Metafísica Cristiano; Samael Aun Weor (1917-1977) y el Movimiento Gnóstico Cristiano Universal; Jorge Ángel Livraga Rizzi (1930-1991) y la Nueva Acrópolis... entre otros muchos—.
Nos ha contado la historia a través de sus protagonistas, trazando perfiles biográficos de los personajes más emblemáticos: los "compinches" o cofundadores principales que le dieron comienzo, Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) y Henry Steel Olcott (1832-1907); el líder de la sección norteamericana —y también cofundador— William Quan Judge (1851-1896); los pioneros Alfred Percy Sinnett (1840-1921) —que sería una figura clave— y Allan Octavian Hume (1829-1912) —que abandonaría pronto debido a los fraudes y escándalos de Madame Blavatsky—; los presidentes de la logia de Londres Edward Maitland (1824-1897) y Anna Kingsford (1846-1888); Franz Hartmann (1838-1912) —significativo teósofo alemán que se convertiría en un escritor esoterocultista de renombre—; la sucesora en el liderazgo de la sección norteamericana Katherine Tingley (1847-1929); y la primera sucesora en la presidencia, tras la muerte de los cofundadores, Annie Besant (1847-1933), junto con su mano derecha, Charles Webster Leadbeater (1854-1934), el descubridor de Krishnamurti y artífice de la primera creación krishnamurtiana mesiánica.
Lunes, 20 de julio de 2026.
23:00.
A pesar de saberlo desde el principio, nunca le presté mucha atención durante los siguientes treinta años. Era poco más que una anécdota sin importancia. Hoy lo veo diferente, con un espíritu mucho más crítico —sin desmerecer lo interesante que pueda seguir teniendo su enseñanza—: Krishnamurti empezó su trayectoria vital pública que marcaría el resto de su vida, como un producto sectario pseudorreligioso manufacturado por un misógino homosexual pedófilo. De no haber sido por el "descubrimiento" que Leadbeater hizo en la playa privada de Adyar —donde estaba y sigue estando la sede central de la Sociedad Teosófica—, probablemente Krishnamurti nunca hubiera sido nada más que otro hindú entre tantos, sumido en la extrema pobreza. Así que las tendencias sexuales pedófilas de Leadbeater —disfrazadas de mesianismo teosófico espiritualizante—, consejero personal y mano derecha de la segunda presidenta, le sacaron de ese estado de pobreza y retraso mental —según las consideraciones de la época— para reconvertirle en un líder espiritual teosófico de tipo mesiánico, surgido de las fantasías ocultistas y delirios religiosos de Leadbeater, apoyados en total confianza por la presidenta, Annie Besant. Krishnamurti, en poco tiempo y plena adolescencia, pasó de vivir en la pobreza más abyecta a vivir rodeado de lujos y agasajado como un dios reencarnado. De ahí que me parece sensato tomar en serio el testimonio de Radha Rajagopal Sloss, una de las pocas personas que lo conoció desde su nacimiento a fondo, compartiendo las mayores intimidades.
Sábado, 25 de julio de 2026.
23:17.
Ahora mismo acabo de completar la mudanza, trasladándome por primera vez a la vivienda familiar donde empieza nuestra nueva vida. La última vez que estuvimos aquí fue el domingo, 19 de mayo de 2024. Esta vez las cosas son —aparentemente— diferentes —o eso espero—. Aunque todavía hay no pocas cosas que arreglar en la anterior vivienda de alquiler antes de entregarla en los próximos días —antes del 1 de agosto—, no obstante esta noche ya duermo aquí por primera vez en dos años y dos meses. Ahora veremos que nos depara el devenir de la vida y los acontecimientos en esta nueva etapa vital recién iniciada.
Y como no podía ser de otra forma, suspendo mis actuales lecturas para retomar EL MANDRIL DE MADAME BLAVATSKY donde lo dejé hace cinco días, es decir, en la entrada de Krishnamurti a escena, antes de acostarme a dormir.
El asunto es de gran interés para mí, así que lo voy a plasmar desde el comienzo: "Leadbeater se sintió igualmente libre para hacer predicciones de inminentes maravillas. [...] Creía —decía él— el Señor Maitreya —un ser a quien identificaba vagamente con Cristo— estaba a punto de «manifestar» el comienzo de una nueva era y que Leadbeater estaba vigilante a la espera del vehículo de esa manifestación: el nuevo Mesías o Maestro del Mundo. Esto le dio la oportunidad de probar para este papel a una serie de muchachos atractivos. A uno —Hubert van Hook— se le preparó como futuro salvador. [...] Pero cuando los Van Hook llegaron a Madrás con la señora Russak en noviembre de 1909, los sucesos se habían adelantado y Hubert se vio obligado a compartir sus lecciones con un muchacho que lo había suplantado antes de que llegara. Porque Leadbeater había encontrado otro vehículo que le parecía más prometedor" (página 131).
Así es como dio comienzo la verdadera vida de Krishnamurti tal y como sería conocido y recordado para la posteridad, aunque al principio no fuera absolutamente nada de lo que llegó a ser.
Martes, 18 de agosto de 2026.
18:21.
Transcurrido casi el mes desde que completáramos la mudanza al nuevo hogar —y nos fuéramos de vacaciones los últimos tres días de julio a Granada mi mujer y servidor— abandoné pronto la continuación de la lectura de EL MANDRIL DE MADAME BLAVATSKY para dedicarme a otros asuntos y lecturas diferentes, intentando retomar —sin éxito— esa lectura donde se detuvo: en la primera página del capítulo ocho 'AHRIMÁN Y LUCIFER' (páginas 148 a 163)... un capítulo corto, de apenas veinte páginas, donde entra en escena uno de los personajes teosóficos disidente más fascinante y que marcaría un importante punto de inflexión en la historia del gurú occidental durante el siglo XX, que nos está contando magistralmente y sin parangón, en mi opinión, el autor. Me refiero al austriaco Rudolf Steiner (1861-1925). No obstante eso no significa ni implica que sus ideas estuvieran acertadas ni de lejos, todo lo contrario, sino que fue un personaje fascinante en el contexto de las extravagancias espirituales más fantasiosas e infundadas, con afirmaciones bastante descabelladas y muy dudosas, que en los últimos años varios divulgadores científicos —como Mauricio-José Schwarz— y/o críticos de la llamada conspiritualidad —como Derek Beres, Matthew Remski y Julian Walker— han contextualizado correctamente, sacando a la luz opiniones y posturas steinerianas totalmente desfasadas y anacrónicas, además de pseudocientíficas, pseudomédicas, pseudoeducativas y pseudohistóricas.
Es en el contexto de la aparición novedosa del personaje steineriano, donde reaparece Krishnamurti en la página 156. Y es una reaparición crucial en lo que acabaría siendo, podríamos decir sin temor a equivocarnos, la especialidad "marca de la casa" krishnamurtiana: la ruptura con la Sociedad Teosófica.
Sí... más de tres lustros antes de que Krishnamurti rompiera con la Sociedad Teosófica, disolviendo la Orden de la Estrella de Oriente para ir por libre, Steiner lo usó como excusa y gota que colmó el vaso para consumar su ruptura (aunque en este caso no sería para ir por libre sino para fundar su propia secta análoga y de nombre e intenciones muy parecidas: la Sociedad Antroposófica). Nos lo cuenta Peter Washington en la citada página 156: "La ruptura se vio favorecida por la querella presentada por el padre de Krisnamurti contra Besant". Aunque en realidad Krishnamurti y las pretensiones "mesiánicas" por parte de los líderes teosóficos sobre su persona, solo fue la excusa definitiva. Steiner se había llevado mal con las doctrinas orientalizantes de la Sociedad Teosófica desde su entrada en 1902 como líder de la sección alemana: "En 1898, después de atravesar una crisis mental y espiritual, empezó a alejarse de la educación cultural para acercarse a su vocación espiritual. Este proceso alcanzó su clímax en julio de 1902 cuando, después de asistir al congreso teosofista de Londres y conocer a Annie Besant, se hizo cargo de la dirección de la Sociedad Teosófica en Alemania, Suiza e Imperio Austro-Húngaro" (página 154). La ruptura sucedió en 1912 y un año después ya había fundado su propia versión teosófica en esencia aunque cristocéntrica a nivel doctrinal. Solo cambió lo de Theos por Anthropos. Si bien Blavatsky no fue poco creativa, imaginativa y fabuladora al inventar la doctrina teosófica que hizo furor a finales del siglo XIX y principios del XX, Steiner la superó con creces a todos los niveles. Tanto, que dejó una huella mucho más perdurable y popular que ella con sus creaciones, cosa que, en los mundillos espirituales, no es poca broma, pues Blavatsky ha sido la mitómana más influyente en estos menesteres.















