Dietario de una lectura: descubramos al maestro de vedanta advaita Jean Klein en 'LA TRASMISIÓN DE LA LLAMA. Diálogos en la verdad'

Introducción.

Aunque ya conocía el nombre y la existencia de la escuela de filosofía hindú ortodoxa vedanta desde el principio, no me inicié a fondo en su conocimiento y aplicación práctica hasta el lunes 19 de febrero de 2007. Ese día —sin ninguna particularidad diferente ni especial— acudí a la librería de El Corte Inglés de Alicante. No iba buscando nada en particular. Simplemente fui a echar un vistazo cotidiano y ver qué encontraba para leer. Estaba atravesando el epicentro de mi primera, intensa y duradera "noche oscura del alma". Desde hacía dos años me había distanciado del orientalismo, la espiritualidad y el esoterocultismo —las tres dimensiones que habían definido mis intereses personales durante la década anterior— por tanto, lo último que esperaba encontrar era algo relacionado con esos temas. Y no solo lo encontré fortuita e inesperadamente, sino que dio comienzo, gracias al encuentro, la más fértil etapa a todos los niveles hasta ese momento, durante los siguientes dos años, que además acabó desembocando en la creación de mi primer proyecto vital. Me refiero a la primera edición del libro HABLA LA CONSCIENCIA (Editorial Kairós, Barcelona, 2004) del ex banquero hindú Ramesh S. Balsekar (1917-2009) y gurú de una reinterpretación neoadvaita de las enseñanzas del linaje inchegeri navnath sampradaya de vedanta advaita, mezcladas con otras influencias personales del autor. A pesar de mi lejanía con el hinduismo desde hacía un par de años, no obstante siempre seguía manteniendo una afinidad y simpatía en lo más recóndito de mi interior. Por tanto, cogí el libro y leí la contraportada, así como el principio del prólogo escrito por su alumno aventajado Wayne Liquorman. Mi corazón metafórico volvió a latir, tras dos años y medio sumido en una etapa sombría derivada de una vida insatisfactoria por completo, en la que me había visto envuelto a través de una acumulación de circunstancias fortuitas remontadas hasta el verano de 2003 y el inesperado diagnóstico de cáncer mortal por necesidad que sufría mi padre, así, de repente, lo cual nos cambió la vida por completo a toda la familia de manera abrupta. En septiembre de 2004 decidí darle un vuelco a mi existencia empezando una nueva vida en Alicante y cinco meses después murió mi padre. Quedé atrapado durante cuatro años y medio en un trabajo que detestaba, pero no tenía más remedio —como le pasa a todo el mundo en las sociedades mercantiles que hemos inventado e implantado por consenso— y todas las circunstancias personales se unieron, junto con la puntilla final, un estilo de vida muy insaludable, para llevarme a la inmersión en una "noche oscura" perpetua. Pero esto no es una historia ideal ni utópica romantizada de "iluminación" espiritual perfecta para escribir libros superventas de autoayuda y motivación, pero falsa e impostada en la realidad cotidiana de lo que es y hay. No. Esta es la historia de la verdad basada en los hechos de lo que a mí me ha sucedido.

El neoadvaita balsekariano es una interpretación subjetiva, falseada y por tanto no autorizada ni cualificada de las enseñanzas del sí reconocido gurú hindú Sri Nisargadatta Maharaj (1897-1981), perteneciente al linaje inchegeri navnath sampradaya, derivado de la tradición vedanta advaita. Esto puede resultar complicado y confuso para cualquier persona no versada en el asunto tratado. Así que, a grandes rasgos, estamos hablando de una de las seis escuelas de filosofía ortodoxa hindú, llamada vedanta, en el seno de la cual existen una serie de subescuelas, siendo la más popular de todas una corriente de pensamiento llamada advaita o no dualidad, fundada por el influyente pensador hindú Adi Shankara (788-820) en el siglo IX de la Era Común. No obstante, el asunto se complica más porque el advaita tiene una amplia cantidad de linajes derivados. Pero en general toda subescuela advaita de la escuela filosófica vedanta sigue una serie de ideas fundamentales que deberemos entender para poder captar de qué hablamos cuando hablamos de vedanta advaita, independientemente de la tradición, linaje o gurú particular. Así que en esencia estamos ante un idealismo monista —o monismo idealista— radical. Esto significa que el argumento de base orbita alrededor de una premisa: solo existe la realidad espiritual en forma de conciencia —o consciencia— bajo el lema "todo es conciencia" o "todo es consciencia". La realidad material no existe por sí misma en esta concepción filosófica cual entidad independiente, por tanto se explica como un epifenómeno —normalmente en forma de juego— derivado de la conciencia. Eso implica que para un advaitín toda la realidad material es una ilusión que sucede en la conciencia. Dentro de esa ilusión primaria surge una ilusión secundaria que, arreglo a la concepción no dual, es el origen de todos los problemas humanos: el yo, ego en latín. Esto conlleva que toda la metodología del vedanta advaita se centre en la desidentificación impersonal para anclarse en la conciencia, que es presencia, mediante ser testigo, es decir, atestiguar todo hecho a cada momento sin implicación personal en las tendencias inerciales habituadas.

¿Qué pasó a raíz de adoptar el modelo neoadvaita balsekariano y durante los siguientes dos años sumergirme a fondo en las amplias variaciones interpretativas del pensamiento no dual?

No pasó nada. Pero nada de nada. No cambió ningún aspecto de mi realidad ni a nivel objetivo —evidentemente— ni a nivel subjetivo. El único efecto que tuvo fue durante mi descubrimiento del neoadvaita balsekariano y cualquier exposición posterior a las ideas advaita, aunque la duración siempre era bastante breve antes de quedar absorbido por la verdadera realidad de los hechos y acontecimientos cotidianos, tanto físicos como psíquicos, muy reales y condicionantes. A mi juicio, la sensación e impresión que he tenido desde el primer momento la compararía con una especie de estado hipnótico de conciencia donde exponerse a las ideas advaita —sin importar la interpretación que tengan ni el enfoque particular en su exposición— genera un instante de estar en presencia, tras acallar la hiperactividad mental del pensamiento, cuya actividad residual es la sensación de ser un yo personal donde vienen todas las impresiones subjetivas (ideas, creencias, opiniones) y tendencias inerciales que definen el comportamiento particular de cada cual. Ese instante de estar en presencia se puede alargar más tiempo o menos, pero arreglo a mi experiencia personal siempre queda limitado a unas horas, a lo sumo unos días. Luego, las dinámicas de lo cotidiano te absorben de nuevo en un funcionamiento mecanizado que automatiza el estado de conciencia y la mente vuelve a su funcionamiento normal, que en cualquier contexto social masificado es, sin ningún pie a la duda, la hiperactividad mental del pensamiento.

Entre todos los gurús o maestros de vedanta advaita que encontré —no hay pocos— destacaron unos cuantos orientales (hindúes en particular) y algún que otro occidental. De todos ellos me llamó la atención el médico y autor alemán nacionalizado francés Jean Klein, nacido el 19 de octubre de 1912 en Berlín, Alemania (aunque pasó la infancia en Brno y Praga, actual República Checa) y fallecido el 22 de febrero de 1998 en Santa Bárbara, California, Estados Unidos. Intelectual inquieto a nivel filosófico desde la adolescencia, pronto se interesó por el hinduismo. Abandonó Alemania y Checoslovaquia en 1933 para afincarse en Francia. Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) pasó unos años de su juventud en la India estudiando con varios gurús hindúes y a partir de 1955 aproximadamente regresó a Occidente. Se convirtió en maestro de vedanta advaita, a través de las decimonónicas charlas y coloquios, durante el resto de su longeva vida. Se publicaron varios libros de diálogos donde se repite la fórmula clásica de este tipo de maestros espirituales, donde alguien —que adopta el rol inevitable de discípulo— pregunta y el maestro espiritual —en este caso interpretado por Jean Klein— responde.

Uno de esos libros —tal vez el más interesante y diferente debido al prólogo único que contiene— es LA TRASMISIÓN DE LA LLAMA. Diálogos en la verdad (Ediciones Vía Directa, La Eliana, 2026).




Martes, 14 de julio de 2026.

11:38.

Acabo de encontrar LA TRASMISIÓN DE LA LLAMA en la librería Ali i Truc de Elche (Alicante, Comunidad Valenciana, España) junto con otros tres libros más de orientalismo.

Fuimos a Elche de buena mañana mi mujer y yo con un Toyota Yaris rojo de alquiler. Tenía pendiente la experiencia librera ilicitana que, a pesar de la cercanía, todavía no había tenido (pues siempre solemos ir a Alicante, donde ya conozco las librerías en las que casi siempre me compro los libros fuera de Orihuela).

Ahora no tengo claro si ya conocía de antes o no la editorial valenciana Ediciones Vía Directa, de La Eliana (Valencia, Comunidad Valenciana, España), aunque me suena. Pero hoy he descubierto un interesante catálogo de esta significativa editorial en la librería Ali i Truc, comprando dos libros suyos de los cuatro que me he llevado en total. Los libros son caros en la relación calidad-precio del continente (con ediciones bastante modestas en el papel, la encuadernación, las tapas sin solapa interna, la impresión, la tipografía y el diseño) aunque el contenido es harina de otro costal, especialmente en la colección NO-DUALIDAD – ADVAITA, donde se apuesta por contenidos difícilmente encontrables en otras editoriales. Por tanto, solo la inmensa calidad específica y exquisita de los contenidos suple las deficiencias del continente en mi opinión. Hay una apuesta fuerte por los libros de Jean Klein, autor complicado de encontrar en cualquier otra editorial. Y si nos atenemos a la verdadera esencia nuclear de las enseñanzas advaita, Klein es —nuevamente según mi opinión— uno de los mejores, más potentes y esclarecedores representantes.

Viernes, 7 de agosto de 2026.

23:50.

Agosto empezó fuerte hace una semana, volviendo de tres días vacacionales en Granada y con una buena conexión establecida en la habitación de la vivienda a la que hemos vuelto dos años después, aunque con unas condiciones muy distintas a todos los niveles (incluyendo propósitos, intenciones y estilo de vida). 

Mi biblioteca personal ha quedado reducida a los libros que caben en una pequeña estantería desvencijada de madera, que he sobrecargado hasta los topes, eligiendo libros muy emblemáticos de espiritualidad, a destacar el fondo de orientalismo (hinduismo, budismo, taoísmo), junto con ensayos de divulgación científica, pocas novelas y alguna rareza literaria muy especial.


Pero a medida que pasaban los primeros días experimenté un bajón anímico, en parte debido al asfixiante calor que lleva muy al límite la habitabilidad orcelitana, en parte por el reajuste de vuelta a la realidad cotidiana limitante. Según mi experiencia vital da igual la actitud que tengas y la filosofía de vida que adoptes, así como las creencias profesadas: aquello más importante para estar lo mejor posible a nivel anímico es la salud en general que tengamos y con ello me refiero al impacto físico —que indirectamente afecta al estado psíquico— del estilo de vida llevado cual costumbre diaria en suma acumulativa, incluyendo una alimentación lo más saludable posible —aumentar el consumo de frutas frescas sin procesar, verduras crudas y cocinadas, frutos secos crudos y tostados sin sal, legumbres y cereales integrales; reducir el consumo de carnes blancas, pescados, mariscos, huevos y lácteos; reducir al mínimo el consumo de carnes rojas y sal; evitar las carnes procesadas y los productos comestibles ultraprocesados (dulces y salados, incluyendo todas las bebidas azucaradas); beber solo agua potable, preferentemente sin gas, aunque también se puede consumir el agua con gas sin azucarar ni edulcorar—, hacer ejercicio moderado —caminar, subir escaleras, ejercicios de fuerza—, dormir toda la noche y abstenerse del consumo de tabaco, alcohol y drogas —marihuana, hachís, cocaína, anfetaminas, etcétera—. Lo propuesto es aquello que se considera un estilo de vida saludable y cuando lo implementamos en nuestro día a día, si bien no nos garantiza nada, sí aumenta las probabilidades de estar lo más saludable posible, mejorando mucho el estado anímico y la gestión de la hiperactividad mental del pensamiento, aunque tampoco será la solución a todos los problemas ni a la gestión del yo, la identidad personal, que requerirá, más bien, la implementación de psicoestrategias intensas, la más interesante y potente de las cuales es, a mi juicio, la autoindagación. Y en ese proceso el advaita puede ayudar, aportando claves y anclajes que podrían ser de gran interés si se procesan y aplican de la manera más adecuada.

Desde que me compré LA TRASMISIÓN DE LA LLAMA lo dejé de lado porque estaba inmerso en otros procesos y lecturas que absorbían mi atención, pero supe en el fondo que pronto me pondría con él. Solo estaba esperando, al parecer, la llegada del momento oportuno, como suele suceder con estos menesteres.

Y ese momento acaba de llegar. Desde ayer empecé a sentir que necesitaba desvincularme un poco de todo lo que estaba leyendo y especialmente viviendo. Identifiqué un patrón mental inequívoco al que mis tendencias psíquicas inerciales se enganchan con facilidad: el bucle de necesitar comprar algo. Se trata de una engañosa trampa psicológica inherente al contradictorio y perjudicial funcionamiento monetario de la civilización, donde toda dinámica desemboca en una transacción mercantil que continuamente debe ser potenciada y retroalimentada. Poco a poco la tendencia se va apoderando de ti porque toda sociedad occidental civilizada está basada en la estimulación ininterrumpida de los deseos para que compres y consumas y gastes y pagues y así la mente entra en un estado sostenido de agitación hiperactiva que consume tu vitalidad, agotándote. Ahí es donde sucede el punto de inflexión en el decaimiento anímico. Y si a eso le añadimos el exceso de calor ambiental sin tregua ni descanso, el agotamiento llega hasta un punto extremo. Entonces solo hay dos maneras de proceder: o quedar atrapado en ese bucle mental-anímico decaído y absorbente hasta que se disuelva solo o salir de ese bucle mediante un acto espontáneo de recuperación del recuerdo rememorado de la presencia, un estado de conciencia desidentificado impersonalmente y en el que se puede entrar con facilidad al leer libros de vedanta advaita como los que derivaron de las actividades públicas de Jean Klein.

Entonces me quedé mirando la biblioteca atentamente y de todos los libros presentes mi atención se fijó en LA TRASMISIÓN DE LA LLAMA. Sostuve la atención unos cuantos minutos y tras revivir mis experiencias pasadas con el autor, he decidido que era el momento de retomarlo.

Dudo mucho que fuera a través de un libro, debido a la dificultad que entraña conseguir algo suyo en España, pero la última vez que leí a Klein fue en 2010. Por aquella época intenté leer en formato electrónico, así que conseguí una amplia biblioteca virtual de espiritualidad y orientalismo en particular, destacando libros electrónicos de vedanta advaita, donde estaba Klein entre otros. No conseguí terminar nunca la lectura de uno solo —bueno... en realidad creo que sí terminé la versión de Las enseñanzas de Don Juan de Carlos Castaneda pocos años después, pero no lo podría asegurar— aunque me acerqué a la posición kleiniana y me gustó mucho su enfoque advaita tan particular. En realidad lo conocí a principios de la década de 2000, cuando José Luis "el krishnamurtiano" me habló de él por primera vez, arguyendo que tenía un libro suyo en el trastero, aunque nunca consiguió encontrarlo. Como no supo especificar a qué corriente de pensamiento pertenecía, durante casi una década me quedé con muchas ganas de saber quién era ese misterioso Jean Klein tan en la onda krishnamurtiana (pues de no haber sido así en su percepción, José Luis jamás me habría hablado de él). Finalmente descubrí que se trataba de un maestro occidental europeo de vedanta advaita, más o menos en la plenitud de mi etapa neoadvaita. Hoy, si quieres leer algo de este significativo personaje en papel impreso, la respuesta es Ediciones Vía Directa, esa editorial valenciana independiente de espiritualidad y orientalismo que apuesta fuerte por Jean Klein.

Acabo de empezar la lectura pero es ya tarde y tengo mucho sueño. Mañana continuaré. He leído hasta la página 16.

Sábado, 8 de agosto de 2026.

13:21.

LA TRASMISIÓN DE LA LLAMA tiene 255 páginas en total y vale 25 euros. Al igual que sucede con la aplastante mayoría de este tipo de libros y maestros espirituales, está compuesto por diálogos, basados en la clásica y manida fórmula pregunta-respuesta. Aquí no solo tenemos una muestra de esos diálogos emblemáticos que resumen a la perfección toda la trayectoria del autor como maestro muy personal de vedanta advaita, sino que hay un extenso e interesante prólogo de 19 páginas que abre la obra directamente, donde por primera vez se abordó la vida del autor, una década antes de morir. Después, el libro contiene cuatro bloques de diálogos que tuvieron lugar en Baak (Holanda), San Rafael (California), Londres (Inglaterra) y La Provenza (Francia). Acontecieron entre octubre de 1988 y septiembre de 1989. Cada bloque oscila entre las 49 y las 79 páginas.


He pasado toda la mañana caminando por el centro de Orihuela, entre las sombras de los edificios —como hago todos los veranos— mientras leía LA TRASMISIÓN DE LA LLAMA. Aunque todo lo que contaba Klein en respuesta a las preguntas estaba bien, solo una cosa ha destacado por encima del resto, llamándome mucho la atención, tanto que se ha quedado grabado a fuego en mi interior y luego he decidido dejarlo grabado en un audio de WhatsApp a mi propio número, para escucharlo continuamente: "Tú eres el conocedor de tu cuerpo, tus sentidos y tu mente, pero el conocedor nunca puede ser conocido, porque tú eres eso y no hay nadie para conocerlo. Nunca puede convertirse en un objeto de observación porque es tu totalidad" (página 17).

Miércoles, 12 de agosto de 2026.

11:34.

Desde el momento anteriormente citado he seguido leyendo el fascinante libro, pero nada ha conseguido llegarme tanto como la frase que le dijo uno de sus maestros principales, según contó Jean Klein.



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