Dietario del Sāmkhya. Primera lectura de las 'Sāmkhyakārikā' completada. Análisis estructural de las primeras impresiones

Lunes, 27 de abril de 2026.

11:11.

Acabo de terminar ahora mismo la primera lectura completa del 'Sāmkhyakārikā' o 'Las estrofas del Sāmkhya', el texto sagrado principal (incluso único, al parecer) de la darśana (escuela de filosofía ortodoxa hindú) hipotéticamente más antigua de la historia del hinduismo.


La lectura ha sido triple, es decir, ha sucedido durante tres lecturas, en tres días no consecutivos.

El libro se titula SĀMKHYAKĀRIKĀ. Las estrofas del Sāmkhya. La tradición hinduista atribuye su escritura a Īśvarakṛṣna. Se supone que fue un filósofo y sabio hindú que existió en el siglo IV de la Era Común. Tampoco es que haya excesivos datos sobre su existencia y aportaciones, siendo conocido principalmente por haber escrito 'Sāmkhyakārikā' o 'Las estrofas del Sāmkhya'. La magnífica traducción corrió a cargo de la sanscritista y especialista en filosofía hindú española Laia Villegas Torras. Pero lo más destacable de esta completa edición esencial a mi juicio, es la introducción preliminar y los comentarios posteriores a las estrofas.


Esta edición en castellano es la primera y hasta el momento, transcurrida una década, única vez que se publica (precedida por una edición nueve años anterior publicada en catalán). Fue lanzada a la venta la primera edición el 9 de junio de 2016. Que todavía siga en primera edición (al menos que yo sepa, aunque mi ejemplar lo compré a principios de 2022) es indicativo de la poca atención que se presta, al menos en España, al sāmkhya.


El libro tiene 232 páginas repartidas en una amplia introducción esencial de Laia Villegas, dividida en cinco partes, incluyendo el contexto, la filosofía, la historia de la escuela, el autor, el texto y la tradición, así como los criterios de edición y traducción; las estrofas del sāmkhya, bilingües, en sánscrito y castellano, que se dividen en el punto de partida, tres partes y el epílogo, con 72 estrofas en total; tres tablas que resumen los aspectos esenciales del sāmkhya y por último el glosario de términos sánscritos. Se trata, por tanto, de una edición muy cuidada, completísima, exhaustiva, inimitable, invaluable y sin parangón, no solo para cualquier estudioso del hinduismo, sino en particular para cualquier persona que le interese lo más mínimo acercarse y profundizar en la filosofía hinduista más interesante, significativa, influyente y paralelamente desconocida de la fascinante India.





La editorial encargada de la edición es Editorial Kairós, una de las pocas editoriales fiables y exhaustivas en el tratamiento serio de las religiones y la espiritualidad, destacando el orientalismo de mayor calidad, aunque publica cosas muy dudosas (como los libros del polémico líder sectario hindú Chandra Mohan Jain [1931-1990], más conocido como Bhagwan Shree Rajneesh al principio y Osho al final). También apuesta por algunas pseudociencias, como la psicología transpersonal. Fue fundada en 1964 en Barcelona por el ingeniero, filósofo, escritor y editor español Salvador Pániker Alemany (1927-2017). Desde hace aproximadamente tres décadas la dirige el hijo del fundador, Agustín Pániker Pompeia, no solo editor sino escritor especializado en jainismo y la cultura hindú.

En mi opinión personal la editorial más importante y fiable cuando buscamos libros de orientalismo y espiritualidad es Trotta (destacando con diferencia la colección Pliegos de Oriente). Inmediatamente después vendría Kairós. Luego bajaría el nivel bastante, pero todavía se mantendría, si somos muy selectivos, con Ediciones La Llave. Podríamos rescatar algunas cosas limitadas del Grupo Alfaomega, en especial de Gaia y Arkano Books. Una mención especial: la colección Ignitus de la editorial universitaria especializada Sanz y Torres. De Obelisco habría que tener en cuenta la colección de Cábala casi en exclusiva (lo demás es casi todo prescindible). La menos fiable y sin apenas nada que rescatar sería Ishtar Ediciones (antes Ishtar Luna-Sol).

Martes, 28 de abril de 2026. 

6:04.

Registro específico de la primera lectura.

Primer día: jueves, 23 de abril de 2026.

Empecé con las estrofas directamente, pues la introducción (que abarca de la página 9 a la 28) la leí unos días antes, como paso previo y preparación separada antes de embarcarme en la lectura directa de las estrofas, seguidas por los comentarios de Laia Villegas.

Leí de la página 33 (estrofa 1) a la página 139 (estrofa 45).

Segundo día: domingo, 26 de abril de 2026.

Detuve la continuación de la lectura tres días debido a todos los cambios y por tanto reajustes mentales y emocionales vividos, pues estoy inmerso en la ruptura final de una etapa crucial de mi vida, cuya duración se extendió durante un año y nueve meses, abarcando aspectos personales como la pérdida de vivienda, inestabilidad turbulenta casi a la intemperie, enfrentamiento con las limitaciones y condicionamientos de las sociedades mercantiles, recuperación de una vivienda de alquiler donde empezamos una nueva vida y lo más significativo de todo: la exploración de un desempeño experimental como bloguero literario que, contra pronóstico, tuvo éxito, atrapándome en sus redes hasta el agotamiento vital extremo, gastando cantidades ingentes de dinero en la compra de libros, con sus problemas derivados (ya que no tengo fuente de ingresos alguna), lo cual no pude controlar, agudizando todas las dinámicas patológicas contraproducentes en las que me encontraba inmerso, incluyendo la recaída final en un extenso ciclo de atracones de comida basura y una falta de correcta gestión emocional.

Leí de la página 140 (estrofa 46) a la página 173 (estrofa 60).

Tercer y último día: lunes, 27 de abril de 2026.

Leí de la página 174 (estrofa 61) a la página 205 (la tercera tabla).

Mis primeras impresiones son muchas, una marabunta de sentimientos profundos. 

Lo primero es un intenso sentimiento de agradecimiento doble. El agradecimiento principal es hacia Laia Villegas por la dedicación invertida en el trabajo comprometido de traer a nuestra lengua no solo la primera (y hasta el momento única) traducción de las estrofas, sino (siendo esto lo más importante según mi apreciación) los comentarios. Sinceramente opino que sin los comentarios de Laia, las estrofas me habrían dejado bastante indiferente, pues a diferencia de las Upaniṣad, la Bhagavadgītā o los Yogasūtra, por ejemplo, que se podrían leer perfectamente sin comentario alguno, las Sāmkhyakārikā requieren un nivel de conocimiento previo, pues son estrofas demasiado breves, escuetas y que presuponen, al parecer, una serie de conocimientos anteriores que el autor da por hecho en sus lectores, evitando desglosar al detalle la cosmología samkhyana, por ejemplo. De ahí la importancia que tienen también las tres tablas finales, especialmente la primera, donde está esquematizada toda la cosmología samkhyana de manera muy visual. Pero todo esto no hubiera sido posible sin la imprescindible y significativa labor editorial de Agustín Pániker,  dedicado en cuerpo y "alma" a continuar con esa significativa labor comprometida que empezó su padre, Salvador Pániker, una década antes de la muerte del dictador militar ultraconservador Francisco Franco Bahamonde (1892-1975), cuando era imposible pensar en una editorial que apostara por el orientalismo y la espiritualidad de calidad (es decir, la que elude las ineficientes e inocuas modas sincréticas descontextualizadas de la nueva era, donde llegan a colarse temas peligrosos y sin relación inicial, como las distorsionantes pseudociencias o mucho peor, las tóxicas teorías conspirativas). Kairós es no solo una editorial comprometida con el orientalismo (destacando el subcontinente indio, pues la familia Pániker tiene la mitad de su origen en la India) y la espiritualidad seria de calidad, sino la editorial más longeva en este mundillo, manteniendo, seis décadas después, su independencia, en esta época de la fagocitación capitalista depredadora por parte de los monstruosos engendros que representan los dos grandes grupos editoriales: Planeta y Penguin.

Lo segundo es una especie de perplejidad, mezclada con regocijo y un sentimiento de asentimiento existencial, vital, en plan confirmación de ideas sueltas, especulaciones subjetivas, intuiciones persistentes pero no corroboradas, junto con explicaciones más o menos coherentes y que, a pesar de ser pura subjetividad sin más, no obstante aportan una sensación de serenidad emocional, pero también lucidez mental, aunque lo más importante de todo lo que he sentido al finalizar la lectura de las 72 estrofas (los comentarios de Laia, mejor dicho) ha sido entrar en un profundo silencio mental interno. Por norma general, a lo largo de mi extensa trayectoria que acaba de cumplir el 31 aniversario con el orientalismo y la espiritualidad, he vivenciado los silencios mentales cada vez que he tropezado con una filosofía de vida, libro o autor (generalmente los tres aspectos interrelacionados) que inauguraba una etapa vital significativa y con repercusiones secundarias asociadas y persistentes, a un nivel u otro, durante varios años. Desde que descubrí el sāmkhya desglosado (más allá del concepto que define a la escuela filosófica o darśana) por primera vez, el martes, 28 de diciembre de 2021, a través del libro La mente diáfana. Historia del pensamiento indio (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2021) de Juan Arnau, supe que debía ponerme con su estudio a fondo, aunque las vicisitudes de los devenires cotidianos hayan retrasado ese estudio cuatro años y tres meses.

Y ahora sí, mis primeras impresiones personales sobre el contenido de las 'Sāmkhyakārikā', destacando en realidad los imprescindibles comentarios de Laia.

Nada más empezar tuve un momento de retroceso y estancamiento. El punto de partida, el sufrimiento (duḥkha), me recordó excesivamente al budismo, pues se trata del mismo punto de partida de la religión oriental asiática más conocida, popular y practicada fuera de la India, destacando Occidente. Recordemos que el sāmkhya es la única darśana hinduista que no se practica como tal, pero está presente en el hinduismo y también el budismo, influenciando directamente al yoga y algo al vedānta, aunque más indirectamente. ¿Es por influencia del sāmkhya, considerada la filosofía más antigua de la India, que el budismo adoptó su punto de partida o sucedió viceversa? Por lógica, al menos para mí, por antigüedad, el sāmkhya influenció en principio al budismo, aunque luego el sāmkhya se impregnara de aspectos budistas, vedánticos, etcétera. Varias cosas me fascinaron y convencieron del sāmkhya al dar comienzo mi aproximación a su cosmología, planteamientos y finalidad (o búsqueda final). La primera fue saber que el sāmkhya está muerto como escuela ortodoxa, sin practicantes ni cuerpo doctrinal que lo sustente, pues eso ha evitado que se convierta en una religión desvirtuada, distorsionada, pervertida... como sucede, por ejemplo, con daojiao o el taoísmo religioso. ¿Qué tiene de taoísmo primitivo original daojiao? A mi juicio, absolutamente nada. Aunque sería mejor expresarlo al revés: daojiao es taoísmo puro (el "ismo" como religión o sistema doctrinal de creencias); lo que no sería taoísmo técnicamente hablando es daoxue o la filosofía del Tao, también conocida como "taoísmo" filosófico. ¿Y por qué digo esto? Porque en daoxue no hubo cuerpo doctrinal alguno, solo tres textos clásicos ('Lao zi', 'Zhuang zi' y 'Lie zi') que se usaban como epicentro de las enseñanzas taoístas, pero sin una reglamentación ordenada, ni dogmas de fe, como sí sucede en daojiao. Incluso, a nivel ideológico, daoxue y daojiao son interpretaciones opuestas, siendo las búsquedas de daojiao totalmente incoherentes y contradictorias con las enseñanzas de los tres clásicos taoístas citados que fundamentó daojia o la escuela taoísta, surgida entre los siglos V y III antes de la Era Común en China. Por tanto, lo único que ha quedado del sāmkhya (evitando así convertirse en un "samkhyanismo") son los comentarios interpretativos hechos por eruditos, sabios y gurús pertenecientes a otras tradiciones o escuelas hinduistas, por una parte, aunque lo más significativo, por otra parte, es que solo ha sobrevivido un texto sagrado como piedra angular: las 'Sāmkhyakārikā' o estrofas del Sāmkhya.

Por último, mis primeras impresiones se centran en tres aspectos sorprendentes de las propuestas samkhyanas, que me dejaron anonadado y boquiabierto. Después de pasar unos cuantos años (tres lustros) centrado en el pensamiento no dual, especialmente vedānta advaita, cuya propuesta axiomática por definición es una especie de monismo religioso (toda la realidad deriva de una única sustancia, principio o esencia, bráhman) e idealismo filosófico radical (las ideas, la conciencia o el espíritu priman sobre la materia, siendo la realidad material una ilusión, māyā), me sorprendió, refrescó y estimuló mis neuronas una especulación dual, aunque no dualista, mucho más coherente y certera a mi parecer con la experiencia real cotidiana que el advaita, junto con las cuestionables posiciones no duales que, tras haberlas indagado a fondo, así como aplicado en la práctica, no terminaban de encajar del todo ni ser convincentes para mí, pues seguían sosteniendo lo que hace unos cuantos años no tiene ningún sentido ni sostenibilidad posible según yo lo veo, lo siento e intuyo: la figura, idea, entelequia y velo de la divinidad, sea dios, sean dioses y diosas, no importa. De ahí que lo único cercano a nivel filosófico haya sido el Tao (daoxue, nunca daojiao, reduciendo su estudio incluso a la copia de Guodian del 'Lao zi' en exclusiva y prescindiendo del resto de copias y textos aparte, contaminados con demasiados elementos confucianos, legistas, incluso moístas a mi parecer, como para poder sacar una verdadera exégesis taoísta aprovechable). Pero sinceramente creo que el sāmkhya podría ir incluso bastante más allá. Aunque la clave estaría, según lo percibo, veo, concibo, entiendo, siento, intuyo y especulo en este momento (posición subjetiva limitada por mi desarrollo mental y emocional actual), tal vez, en encontrar una síntesis muy personal y probablemente intransferible (ya que transferir algo tan personal y subjetivo como esto podría interferir en la comprensión, desarrollo y camino personal de cualquier otra persona que no sea yo) entre el sāmkhya y el Tao (desprovisto de toda influencia filosófica ajena a la primitiva daojia, lo cual implicaría un estudio muy exhaustivo, riguroso, serio y exegético de la copia de Guodian del 'Lao zi', el único texto fiable, por cercanía, a la redacción original).

Sigo flipando con la interpretación dual coherente, cabal y resolutiva del sāmkhya, sin ser vehementemente dualista radical, como tal vez lo fue, cual ejemplo arquetípico, la gnosis alejandrina y cristiana de los primeros siglos de la Era Común, desdoblada en infinidad de escuelas filosóficas y religiosas dispares, a las que se le ha pretendido atribuir la catalogación (errónea a mi parecer) de "gnosticismo" (ya que nunca hubo una religión gnóstica como tal, ni siquiera un cuerpo doctrinal aunado de escuelas ni tradiciones). Un pensamiento dual, el del sāmkhya, donde existe la materia (prakṛti) por una parte y la conciencia (puruṣa) por otra parte. No emanan una de la otra ni son lo mismo ni tampoco se confunden ni tienen el mismo origen. Ambas existen independientemente y por sí mismas, es decir, son total y completamente reales. Conviven, se necesitan recíprocamente y cada una cumple con su parte de la función, a pesar de que la búsqueda final o finalidad del sāmkhya acabará dándole primacía a la conciencia, puruṣa. La materia, prakṛti, explicará, de una manera convincente, espectacular, lúcida, creíble (aunque no exenta de contradicciones), a pesar de ser todo especulaciones subjetivas sin más, no solo el sufrimiento, sino toda una cosmovisión, así como la antropovisión inherente que tiene el máximo sentido y significado, al menos según yo lo veo y entiendo en este momento de mi vida. 

Lo sorprendente del sāmkhya y que lo hace tan diferente al resto de especulaciones y creencias tanto filosóficas como religiosas de la India, es que no necesita caer en los mismos lugares comunes que predominan en el trasfondo del hinduismo, es decir, un teísmo (la creencia en una entidad divina superior) más o menos velado. En esto se acerca más al budismo, una religión atea casi al completo (porque en el caso tibetano, por ejemplo, toma divinidades y demonios heredados de la religión semishamánica del Bön, autóctona del Tíbet y muy anterior a la llegada del budismo), que no necesita apoyarse en la justificación metafísica cuyo sustento ideológico acaba siempre en la divinidad o una entelequia similar, para explicar el universo, la realidad o la creación.

La otra sorpresa para mí es su teleología (estudio filosófico de las causas finales): la conciencia, puruṣa, solo tiene una finalidad en sus múltiples reencarnaciones: alcanzar la liberación definitiva (kaivalya), es decir, liberarse de quedar atrapada en la materia, prakṛti. Esta teleología no es una novedad ni sorprendente en el orientalismo, pues tanto el hinduismo como el budismo (religión surgida en su seno como una especie de "protestantismo" hinduista) se fundamentan en ella. Lo que sí sorprende es la concepción que adopta el sāmkhya, pues aunque la materia, prakṛti y la conciencia, puruṣa, tengan existencias reales independientes en origen, la realidad es que ambas son interdependientes y se necesitan para existir mutuamente, pero resulta que la materia, prakṛti, no es la finalidad, sino el medio para que la conciencia, puruṣa, se libere, lo cual significa que la conciencia, puruṣa, es la verdad subyacente a la materia, prakṛti, aunque ambas esencias existan por sí mismas y de manera independiente. Para liberarse, siempre según el sāmkhya, la conciencia, puruṣa, debe darse cuenta de que ella es diferente a la materia, prakṛti, mediante el regreso a su propia naturaleza, la observación imparcial y desidentificada sin implicación. Para que esa observación presencial pueda acaecer, primero la conciencia, puruṣa, necesita renunciar a todos los elementos que le atan a la materia, prakṛti, así como a todas las tendencias inerciales que le impiden la separación.

A partir de aquí, el estudioso deberá familiarizarse con todos los elementos y aspectos del sāmkhya con los que tendrá que trabajar a fondo, durante las vidas que haga falta, hasta alcanzar la liberación definitiva, que en el caso samkhyano se llama kaivalya.

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