Dietario del Sāmkhya. Introducción


Viernes, 24 de abril de 2026.

11:31.

Hoy da comienzo la introducción al dietario de un proyecto que se presentó por primera vez los últimos días de diciembre de 2021 y los primeros días de enero de 2022, pero finalmente se quedó en agua de borrajas, disolviéndose cual azucarillo en el océano de las vivencias cotidianas en las que me encontraba inmerso por aquella época.

Y como siempre suele suceder en mi vida (e imagino que en la de cualquiera), las vicisitudes no fueron pocas.

Como ya conté a fondo en otros post anteriores del blog, la parte tanto inicial como principal de mis investigaciones sobre los límites de la realidad (así como de la naturaleza humana), estuvo centrada en el estudio y la práctica del orientalismo, a lo largo de diversas etapas, filosofías, religiones y referentes personales (pensadores, filósofos, escritores, maestros espirituales, gurús).

Aunque me acerqué, de una manera u otra, a curiosear prácticamente en casi todas las expresiones orientales, debido a un impulso y atracción inevitable (la cultura, la religión, la sociedad, la filosofía, las concepciones, tradiciones, pensamientos y modo de operar occidental nunca jamás despertó el más mínimo interés, siendo una frustración tras otra todos mis intentos de acercamiento a Occidente), no obstante destacó el subcontinente asiático, la India en particular, por encima del resto. También hubo un significativo trasfondo chino durante el desarrollo de mis investigaciones orientalistas, pero hasta recientemente solo fue eso mismo: un trasfondo multicromático que matizaba lo hindú.

Mi acercamiento inicial fue a través del budismo tibetano, como sabe de sobra quien haya leído las entradas de este blog. Ahora se han cumplido los 31 años exactos desde ese primer acercamiento, que dio comienzo el viernes, 21 de abril de 1995.

Mi interés exclusivo por el budismo tibetano no tuvo excesiva duración, a lo sumo unos pocos meses de la segunda mitad de 1995, pues acababa de abrirse para mí un mundo multidimensional plagado de oportunidades, opciones, conocimientos, prácticas y experiencias a obtener. Recuerdo con cariño y nostalgia aquella época de mi inocente juventud veinteañera recién estrenada, donde todo ese mundo citado estaba por descubrir. Así fue como cada día se convirtió en una experiencia nueva; un nuevo descubrimiento acechaba en cada esquina y recoveco de la espiritualidad, tanto oriental (lo que más me interesaba por afinidad directa) como occidental. Pero también estilos de vida muy ajenos a Occidente y que se consideraban en la cotidianidad a mi alrededor como cosas raras, sectarias, sospechosas; miradas desde el prejuicio, la ignorancia, la desinformación y el desconocimiento (aunque no por suerte en el entorno familiar cercano donde convivía). Lo más destacable fue el vegetarianismo como estilo de vida, a nivel alimentario, que quise adoptar, por motivos espirituales, en esa segunda mitad de 1995, haciendo las inevitables conexiones con el naturismo hispano de principios del siglo XX, debido a la falta de información (totalmente sesgada en lo poco que había disponible a nivel bibliográfico fiable) sobre el tema.

Del budismo tibetano pasé al budismo japonés (zen) en esa segunda mitad de 1995, combinándolos ambos (algo que resultó ser fácil, pues ambos enfoques pertenecían a la misma tradición en el trasfondo, mahāyāna [gran vehículo], la rama principal del budismo).


Sábado, 25 de abril de 2026.

9:16.

Y entonces, ya metido a fondo, no solo en el budismo (la primera conexión oriental asiática), sino también en el naturismo (una invención occidental de finales del siglo XIX como filosofía-estilo de vida), llegó 1996. Fue en la primera mitad donde descubrí el hinduismo, a través de una de sus escuelas ortodoxas de filosofía, conocidas en la India como darśanas; la única que en Occidente se ha popularizado desde una invención descontextualizada y totalmente banalizada (con la connivencia de no pocos gurús hindúes): el yoga.

Durante todo el año 1996 me centré en la práctica del hatha yoga, ese invento moderno y occidentalizado por completo, para transformar toda una muy compleja filosofía hinduista de vida, en un simple producto reduccionista y ultralimitadísimo que refleja a fondo la superficial mentalidad occidental materialista centrada en el yo (ego en latín): un exacerbado centramiento en el individualismo narcisistoide basado en la obtención de logros, éxitos, prestigio, reconocimiento, ostentación y acumulación (de titulaciones, de seguidores, de dinero, de creencias). Como evidentemente no podía ser de otra manera, Occidente pervirtió una las principales darśanas hinduistas para desvirtuarla a fondo, retorciéndola hacia su modo de operar, reflejado arquetípicamente en la invención del falso y espurio hatha yoga predominante fuera de la India, especialmente en Estados Unidos de América y Europa. 

Hoy la cosa ya no tiene remedio ni solución, considerándose el yoga únicamente desde la mentalidad occidental centrada en una banal moda que se fundamenta en la práctica principal de posturas (asanas) y respiración (con algo de meditación) para alcanzar el bienestar físico, todo apariencia narcisista superficial y descontextualizada de la verdadera profundidad de abordajes mentales, emocionales y espirituales de la darśana conocida como yoga, que no tiene nada que ver con ese invento artificial del siglo XX (promovido por no pocos gurús hindúes que acabaron en Occidente) llamado hatha yoga, cuya mayor desvirtuación perversa es ser confundido con la verdadera darśana hinduista llamada yoga.

Durante gran parte de 1996 estuve centrado en la práctica del hatha yoga, pero simultáneamente busqué los otros abordajes yóguicos más amplios y profundos. Por descontado que el acceso a la información orientalista en la España de aquella época (al menos en la diminuta ciudad alicantina de Alcoy donde residía) era muy limitado y no hablemos de prácticas que intentaran ir más allá del hatha yoga, así que no me quedó más remedio que acceder a los libros que caían en mis manos, volviéndome un auténtico lectobibliófilo especializado en orientalismo, religiones, espiritualidad y esoterocultismo. Así fue como até cabos, poco a poco, a través de lecturas especializadas, descubriendo que el yoga no era el hatha yoga vendido en Occidente, sino toda una compleja darśana hinduista repleta de ramas, enfoques, escuelas y abordajes distintos, que despertaron mi imperiosa necesidad de buscar, indagar, descubrir, probar y poner en práctica.

A principios de 1997 decidí abandonar mi práctica de hatha yoga como fundamento principal, pasando a un plano secundario, para liberarme y explorar aquel abordaje que más me fascinaba: el kundalini yoga. Los meses anteriores había probado una amplia cantidad de enfoques, como el raja yoga, el bhakti yoga o el mantra yoga, pero con todos ellos, a pesar de ser complementarios e implementados en mi vida cotidiana y prácticas yóguicas, no obstante me faltaban dos abordajes esenciales: el tantra yoga (que no puse en práctica hasta principios de 2003) y el kundalini yoga. Me centré a fondo en este último abordaje que para mí era la culminación final. Aunque en aquella época lo único que predominaba en Occidente cuando un buscador espiritual pensaba en la práctica de kundalini yoga era el Yogi Bhajan (1929-2004) y su fraudulento movimiento sectario 3HO, mi investigación autodidacta se fundamentó en otros enfoques, partiendo de las experiencias del yogui hindú Gopi Krishna (1903-1984).

Y así estuve la primera década de mi iniciación autodidacta al orientalismo, la espiritualidad y el esoterocultismo centrado en la práctica amplia de la darśana yóguica, llegando a la culminación entre los últimos meses de 2001 y los primeros meses de 2002, cuando decidí crear una primera filosofía de vida propia y aproximativa a una concepción más completa del yoga, a la cual catalogué como Raja Sadhana, creando un abordaje yóguico de siete niveles escalonados, que empezaban en la práctica de hatha yoga y terminaban en la práctica de kundalini yoga, pasando (en el orden citado) por: mantra yoga, raja yoga, bhakti yoga, karma yoga y tantra yoga.


Domingo, 26 de abril de 2026.

11:25.

2004 fue un año de cambios significativos a diferentes niveles, tanto internos como externos. Empecé un distanciamiento de tres años con el orientalismo y la espiritualidad. Durante su desarrollo me centré más en la filosofía occidental, prestando mucha atención a una serie de filósofos franceses que fueron tres pilares angulares del posestructuralismo, simultáneamente referentes también de lo que hoy se conoce como posmodernismo; vehementes pero lúcidos críticos de la sociedad, del capitalismo, de las estructuras del poder y el saber, así como de la construcción subjetiva de la realidad: empecé con Jacques Derrida (1930-2004), continué con Michel Foucault (1926-1984) y terminé de culminar con Gilles Deleuze (1925-1995).

Inmerso en una vida de olvido, absorbido por la realidad cotidiana de las dinámicas sociales (laborales, mercantiles, familiares, afectivas) y sus absorbentes necesidades artificiales, impostadas pero ubicuas, condicionantes, depredadoras... me sumí en una vorágine de inconscienciación que me llevó al extremo, a los límites de la cordura, al agotamiento vital. 

Entonces llegó la solución, como siempre ha pasado en mi vida, espontánea e inesperadamente, mediante una vuelta a los orígenes, mis orígenes, explorando una darśana o escuela de filosofía ortodoxa hindú que conocía de la década anterior, pero no le había dedicado tiempo de estudio ni exploración práctica: el vedānta.

Sucedió el lunes, 19 de febrero de 2007. Si te ha interesado lo más mínimo este blog o al menos le has echado un vistazo, ya sabes a lo que me refiero y pasó: en la librería de El Corte Inglés de Alicante encontré el libro 'HABLA LA CONSCIENCIA' (Kairós, Barcelona, 2004) de Ramesh S. Balsekar (1917-2009), un ex banquero hindú que se presentaba (o era presentado) como el gurú vivo más importante del vedānta advaita. En realidad se trataba de un intérprete dudoso y que iba por libre, de cierto linaje sectario reducido del advaita (inchegeri navnath sampradaya), la tradición o camino espiritual (sādhanā) más conocido dentro de la escuela vedānta, que se fundamenta en la proposición de una doctrina no dualista. De hecho es la propuesta no dualista más significativa, al menos del hinduismo. Y así fue como inauguré una etapa de dos años sumergido en el estudio y la práctica del pensamiento no dual, haciendo conexiones entre escuelas, tradiciones, religiones y filosofías de vida.

Pero el dudoso y criticado neoadvaita balsekariano no autorizado me condujo, por el tiempo y transcurrida una década, al verdadero gurú autorizado (uno de los más respetados en el advaita y la India): Sri Nisargadatta Maharaj (1897-1981). Un acontecimiento fortuito acaecido en la Casa del Libro de Alicante el jueves, 26 de noviembre de 2020 por la tarde, me llevó a retomar el estudio exhaustivo de las significativas enseñanzas advaita cualificadas de Maharaj, uno de los dos verdaderos maestros y últimos herederos del linaje inchegeri navnath sampradaya, junto con Sri Ranjit Maharaj (1913-2000). No estuve demasiado tiempo con Maharaj, pues mis tendencias iban por otros derroteros y, debido a cierto impulso vital intuitivo incomprensible pero irrefrenable, era como que el advaita y su pensamiento no dual asociado, había finalizado en mi vida los últimos días de diciembre de 2009, un par de semanas antes de dar comienzo el Proyecto Ac.Co (Actitud Consciente).

Y no obstante, tanto Maharaj como el advaita del inchegeri sampradaya volvieron a mi vida un año después, durante el comienzo del solsticio de invierno, es decir, el martes, 21 de diciembre de 2021. En ese momento hice una investigación sobre varios temas hinduistas (destacando el concepto sánscrito e idea filosófica de māyā) que plasmé en un cuaderno Moleskine encuadernado en rústica, con 400 páginas y las tapas de color rojo vivo. Aunque pudiera parecer que en principio fue todo catalizado por un "regreso a casa" (mi forma de catalogar el regreso a las enseñanzas de Maharaj), en realidad se estaba fraguando otra cosa muy distinta en el interior, siendo el verdadero catalizador un libro que había encontrado en la librería Atenea de Orihuela no mucho antes: 'La mente diáfana. Historia del pensamiento indio' (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2021) de Juan Arnau.

Y fue en uno de los capítulos de ese magnífico libro de un filósofo, indólogo, experto traductor del sánscrito y estudioso español del orientalismo hindú, donde entré en contacto por primera vez con una aproximación muy interesante a la darśana o escuela de filosofía ortodoxa hindú considerada más antigua, pero simultáneamente desconocida: el sāmkhya. Sucedió el martes, 28 de diciembre de 2021. Transcurrida una semana decidí embarcarme en un estudio exhaustivo del sāmkhya, pero más a fondo, con voces autorizadas y que profundizaran mucho más allá de la breve introducción a la que había tenido acceso por primera vez en mi larga trayectoria con el hinduismo, explorando a fondo dos darśanas: yoga y vedānta (pues Balsekar no solo me abrió las puertas del inchegeri sampradaya, sino de una amplitud de enfoques advaita multidisciplinares). Y como pronto quedaría claro, Juan Arnau, a pesar de su magnífico trabajo indagador exegético del hinduismo (también el budismo) a mi parecer, no obstante en el asunto samkhyano se quedaba, tal vez, un poco corto. Pronto descubriría que no iba muy desencaminado al centrarme en las dos expertas en sāmkhya que se presentaron ante mí con sendos libros: Laia Villegas Torra y Raquel Ferrández Formoso.

Mi iniciación autodidacta en el estudio del sāmkhya se produjo el jueves, 6 de enero de 2022. Lo hice a través de dos libros: 'SĀMKHYAKĀRIKĀ. Las estrofas del Sāmkhya' (Kairós, Barcelona, 2016) de la citada Laia Villegas Torras y 'SĀMKHYA Y YOGA. Una lectura contemporánea' (Kairós, Barcelona, 2020) de la también citada Raquel Ferrández Formoso. Más o menos conseguí ponerme con ello a trompicones, especialmente con el magnífico libro de Raquel, pero fui bastante irregular en el estudio, debido a las vicisitudes personales en las que estaba envuelto (la absorbente vorágine pospandémica y toda la serie de alteraciones fenoménicas distractivas de la atención, tanto a nivel social como político, destacando la internáutica virtualización digitalizante de nuestra vida, con varios fenómenos predominantes: las redes sociales, los algoritmos y la inteligencia artificial o IA). Unos meses después, en pleno verano, volvió a cruzarse Jiddu Krishnamurti (1895-1986) en mi camino, a través de un libro inédito que se había publicado en plena primavera, 'MENTE EN SILENCIO' (Kairós, Barcelona, 2022), consiguiendo que me implicara en su estudio y abandonara el estudio del sāmkhya hasta recientemente.

El intuitivo pero insistente regreso al sāmkhya hizo acto de presencia por primera vez durante el desarrollo del dietario taoísta 'WUWEI WUXING: ATARAXIA', entre la segunda mitad de diciembre de 2025 y la primera mitad de enero de 2026. No obstante y a pesar de la insistencia interior impulsiva por volver a ponerme con su estudio, aunque esta vez muy en serio, no se cuajó hasta hace tres días, cuando, por fin y tras pasar toda la noche conversando con mi mujer (conversaciones siempre cruciales en mi devenir cotidiano), decidí tomar la decisión que llevaba tiempo necesitando tomar para liberar mi tiempo de vida y recuperar mi atención, así como todo el dinero invertido comprando libros innecesarios: abandonar el blog 'Rareza literaria', que me había atrapado en una cuestión: saber si era capaz de escribir reseñas serias y diferentes, que exploraran a fondo los libros y el amor por la lectura, algo que me acompaña desde hace 31 años, aunque se ha vuelto un importante impedimento para retomar lo único que todo mi ser pedía: ponerme exclusivamente y 100 % centrado en el estudio del sāmkhya.

Y así llegamos al final de la introducción del nuevo proyecto que ahora se abre por delante y empieza en mi renovada vida, que se reinicia tras un "reformateo" mental, llegando casi al epicentro de 2026, un año que desde su inicio he sentido fundamental en la serie de cambios que están produciéndose desde hace casi dos años en nuestras respectivas vidas (mi mujer y servidor). Hace tres días decidí apartar una temporada todo lo demás de mi campo perceptivo (excepto algunos cómics para leer como entretenimiento por la noche y en la cama, antes de dormir) y centrarme en la lectura de la magnífica primera (y única hasta el momento) traducción del 'Sāmkhyakārikā' de Īśvarakṛṣna  o 'Las estrofas del Sāmkhya', en la versión más exhaustiva y exegética de Laia Villegas. 

La primera lectura tuvo lugar el pasado jueves, 23 de abril de 2026. Dediqué casi todo el día a esa primera lectura. Leí hasta la página 139. Hoy retomo la lectura.

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