Estudio exegético de la 'INTRODUCCIÓN' en 'Cómo encontrar la paz EN UN MUNDO DESAFIANTE' (reinterpretación del mensaje krishnamurtiano esencial)
Lunes, 6 de julio de 2026.
Esta decisión no ha sido nada fácil de tomar y he necesitado unos días de profunda reflexión meditativa antes de embarcarme en el estudio exegético de la 'INTRODUCCIÓN. Pacem in Terris' del libro más reciente de Krishnamurti publicado por la editorial española independiente Kōan Libros, a la luz de los descubrimientos que me parece haber realizado, modificándose así la percepción, concepción e interpretación que hasta hace apenas una semana tenía tanto de Krishnamurti como especialmente de su mensaje implícito tras las charlas y diálogos mantenidos con infinidad de interlocutores, a lo largo de una dilatada trayectoria de 57 años.
Los descubrimientos citados fueron intensificados por las aportaciones de la periodista española Marta Sader en su también reciente libro ESPIRITUALIDAD LÍQUIDA. Misticismo pop en la era del yo (DEBATE, Barcelona, 2026).
Arreglo a mi experiencia personal con las religiones, el orientalismo, el esoterocultismo y la espiritualidad (como grandes intereses personales desde hace 31 años) nada es más significativo que las críticas escépticas recibidas por parte de divulgadores científicos o periodistas especializados en divulgación (o que al menos se alinean en la onda del pensamiento racional). ¿Motivo? Porque todo aquello que apuesta por el pensamiento mágico suele adolecer de la misma limitación: se fundamenta en especulaciones subjetivistas desembocadas en afirmaciones gratuitas e infundadas. De ahí la importancia que tienen las críticas capaces de sonsacar todas las cuestiones dudosas, confrontando incoherencias, engaños, inconsistencias o simplemente poniendo de relieve la falta de fundamentos, pero también equivocaciones en la forma de interpretar la realidad, obviando los hechos para centrarse en las creencias, a través de los ubicuos y peligrosísimos sesgos cognitivos que a todos nos afectan en mayor o menor medida.
Mis primeras lecturas divergentes y muy críticas con el fenómeno tanto religioso como espiritual fueron de autores que se especializaron en sectas, destacando los libros del periodista español Pepe Rodríguez, probablemente el autor que más tiempo y esfuerzos dedicó al fenómeno sociológico del sectarismo, quedando encasillado en ese elocuente aspecto durante la segunda mitad de la década de 1980. Gracias a sus significativos libros, destacando EL PODER DE LAS SECTAS (Ediciones B, Barcelona, 1989), que leí varias veces, aunque en la reedición gruesa de bolsillo publicada en 1997, cogí una amplia perspectiva que me ayudó (y no poco) a reinterpretar tanto las religiones como el orientalismo, el esoterocultismo y la espiritualidad (destacando la perniciosa, en mi opinión, nueva era). Por el tiempo mejoraría este aspecto crítico esencial para coger perspectiva con otro tipo de libros más amplios y mejores para reinterpretar los límites del pensamiento mágico, destacando LA IZQUIERDA FENG-SHUI. Cuando la ciencia y la razón dejaron de ser progres (Ariel, Barcelona, 2017) de Mauricio-José Schwarz, pero sobre todo HISTORIA de la SUPERSTICIÓN. ORÍGENES BIOLÓGICOS Y PSICOLÓGICOS DE LAS FALSAS CREENCIAS (Pinolia, Madrid, 2024) de Aníbal Bueno. No obstante, cada vez que sale una novedad editorial fundamentada en esta cuestión no suele tener desperdicio. Pero ESPIRITUALIDAD LAICA ha sido mucho más importante si cabe (no por el contenido, insuperable en el libro citado de Aníbal Bueno), sino por las conexiones esclarecedoras que la autora hizo con la espiritualidad, las teorías conspirativas y la ultraderecha política (del siglo XX y actual).
En el caso de Krishnamurti el asunto siempre fue más resbaladizo y complicado de analizar, primero por mi excesiva cercanía e influencia, segundo por la inusualidad en el comportamiento arquetípico que le caracterizó (de ahí la autoridad moral que adquirió a nivel público en comparación con los gurús orientalistas de la época que hablaban de las mismas cuestiones, con enfoques a veces coincidentes).
Martes, 7 de julio de 2026.
9:10.
Uno de los fenómenos, al parecer populares, que se generan en torno a Krishnamurti y tardé tiempo en percatarme pero lo hice, fue darme cuenta de que a su alrededor se producía la misma circunstancia devocional que ante cualquier gurú orientalista o maestro espiritual occidental. Exactamente igual. En mi caso lo pude constatar a través de la única persona interesada a fondo en Krishnamurti que conocí. Imagino que muy probablemente yo también lo fui. El resto o no lo entendía (la mayoría) o no resonaba con lo que decía (la minoría).
La persona citada era una especie de exégeta devoto. Solo hablaba de Krishnamurti cada vez que nos encontrábamos por la calle. Se trataba de un hombre mayor (tenía 41 años más que yo) llamado José Luis, con el pelo blanco y un cierto parecido físico a su objeto de adoración. Él, evidentemente, no lo veía así, pero el comportamiento (visto y analizado desde fuera) era inequívoco. Aunque durante unos años (despertó a la espiritualidad en la madurez, con 49 años de edad, allá por 1984) le habían interesado otros temas (astrología, espiritismo, canalización), desde la aparición de Krishnamurti en su camino y la lectura en particular de un libro donde este dialogaba con el significativo físico estadounidense (y amigo personal) David Bohm (1917-1992), tuvo una especie de experiencia "mística" de despertar espiritual que me contó varias veces durante los años que seguí viviendo en Alcoy y nos encontrábamos fortuitamente por la calle (lo conocí a mediados de 2000 y me fui a principios de 2013). El libro citado era Más allá del tiempo. Trece diálogos entre J. KRISHNAMURTI Y DAVID BOHM (Edhasa, Barcelona, 1986).
A partir de entonces solo Krishnamurti despertaba su interés monotemático. No hablaba de otra cosa conmigo. Supongo que fue debido a ser yo el único con el que podía hablar abiertamente de Krishnamurti, cosa que nos retroalimentaba a ambos.
José Luis siempre actuaba como un auténtico maestro espiritual: solo salían palabras afirmativas, contundentes y aleccionadoras de su boca, sin pie a la duda ni fisura alguna. Su comportamiento era petulante pero inconscienciado, sin capacidad para mantener un poco de lucidez metacognitiva y darse cuenta de que todo lo dicho eran solo opiniones suyas salidas de la pura especulación subjetiva. El mundo se dividía entre los que habían entendido a Krishnamurti y los que no. Dudo mucho que creyera que yo lo había entendido, pero al menos era el único con el que podía hablar sobre el tema. Evidentemente, ahora incluso yo mismo dudo de que lo hubiera entendido, a la luz de los cambios en mi percepción sobre el mensaje krishnamurtiano que estoy experimentando. Luego, no he vuelto a ver nunca más a José Luis "el krishnamurtiano", ni tampoco he tenido noticias suyas. Si no ha fallecido ya, ahora tiene 91 años (cerca de cumplir los 92).
Mi primer distanciamiento escéptico y crítico de Krishnamurti se produjo a partir de 2011, por tanto yo también estuve en una situación muy probablemente similar a la de José Luis "el krishnamurtiano". En esa época conocí a Manel, un joven valenciano interesado a fondo en la espiritualidad, que se convirtió en colaborador de mi primer proyecto vital. Él me habló de otros "krishnamurtianos" a los que conocía, corroborando el efecto devocional similar al que se produce alrededor de cualquier gurú.
Me parece recordar haber adoptado el comportamiento petulante del maestro espiritual durante algunas etapas de mi vida, especialmente en la fase neoadvaita balsekariana (2007-2009). He conocido unos cuantos a lo largo de mi trayectoria y por tanto identifico las inequívocas dinámicas pronto. Es improbable que no lo adoptara también durante el desarrollo de las dos primeras fases de Actitud Consciente (2010-2012): Proyecto Ac.Co10 ("la psicología no dual") y Proyecto Ac.Co12 ("un camino para todo"). Incluso en este blog me parece apreciarlo, aunque sea a destellos. No obstante, llevo nueve años metido en una serie de estancamientos vitales e inmadureces emocionales que me conducen a una errónea petulancia estúpida e idiota muy particular, en especial desde el Proyecto Ac.Co17 ("la senda de iniciación a los misterios de la presencia") y la activación de la metamakgia (del lunes, 13 de noviembre de 2023 al lunes, 18 de marzo de 2024 ["los lunes lunáticos"]). Creo que va siendo hora de ponerme en serio con ello (para quitármelo de encima cuanto antes) en esta nueva etapa que empieza (ya está en marcha la sexta mudanza orcelitana [desde que tuviera lugar la primera en 2019] y cierto cambio de enfoque, propósitos e intenciones).
Aunque antes necesito hacer esta extensa exégesis personal recontextualizadora de la figura de Krishnamurti (por la relevancia que ha tenido en mi vida durante tres décadas, a periodos irregulares durante las dos últimas) para valorar y calibrar su mensaje de una manera crítica, así como exhaustiva.
Nada podría haber sido más adecuado a este fin que la publicación de los dos libros ya citados varias veces, lanzados a la venta en los dos últimos meses: Cómo encontrar la paz EN UN MUNDO DESAFIANTE (Kōan Libros, Badalona, 2026) de J. Krishnamurti y ESPIRITUALIDAD LÍQUIDA. Misticismo pop en la era del yo (DEBATE, Barcelona, 2026) de Marta Sader. Usaré la 'INTRODUCCIÓN' del primero para hacer el estudio esencial. Pero antes de ir a por ello, considero importante una primera recontextualización krishnamurtiana aproximativa, según mi propia experiencia vital.
Tras descubrir un primer libro suyo en la librería Llorens de Alcoy, durante la primera mitad de 1996, ejemplar de COMENTARIOS SOBRE EL VIVIR. TERCERA SERIE, publicado por la editorial argentina Kier (aunque es imposible recordar la edición), pasé la siguiente década explorando una amplia cantidad de aspectos derivados del conocimiento humano, como el orientalismo, la religión, el esoterocultismo y la espiritualidad, pero también la filosofía occidental, la historia, la psicología, la sociología, la antropología o la política... todo ello a través de la lectura diaria de libros (literatura de no ficción, principalmente ensayos, con un interés residual por la literatura de ficción). Durante el primer lustro también practiqué varias disciplinas yóguicas y meditación, pero al dar comienzo la década de 2000, impulsado en gran parte por lo que descubrí con las lecturas krishnamurtianas y todo lo que me hizo vivir la asimilación del contenido de su mensaje (pues evidentemente Krishnamurti transmitió un inequívoco mensaje descondicionante y liberador), dejé las prácticas, convencido de que no llevaban a lugar alguno. Aunque la característica principal de esa primera década fue no cuestionar nada del mensaje ni del personaje.
Todo empezó a cambiar un tanto a raíz de la lectura del fascinante y significativo libro EL MANDRIL DE MADAME BLAVATSKY. HISTORIA DE LA TEOSOFÍA Y DEL GURÚ OCCIDENTAL (Ediciones Destino, Barcelona, 1995) de Peter Washington. Un libro muy crítico con todos los fenómenos espirituales y esoterocultistas de finales del siglo XIX y principios del XX, destacando a los personajes derivados de la Sociedad Teosófica en su mayor parte, pero también independientes. Era un libro totalmente fundamentado hasta la excelencia. Y allí aparecía Krishnamurti de una manera muy distinta a cómo yo lo había visto e interpretado hasta el momento, durante casi cuatro años. Fue un significativo contraste que me sacó del ensimismamiento distorsionado y subjetivista, para situarme un poco mejor en la realidad de los hechos. El primer ejemplar que tuve lo compré en la librería de una tienda de El Corte Inglés en Barcelona, a finales de 1999, mientras me formaba en el laboratorio de fitoterapia Bellsolá para trabajar como agente comercial promotor durante el año 2000. Fue uno de los libros más importantes que he leído (varias veces) en toda mi vida, recuperando un ejemplar, en el cuarto de siglo transcurrido, al menos un par de veces, que recuerde.
Miércoles, 8 de julio de 2026.
0:55.
El último trabajo personal antes de mi primer distanciamiento prolongado de Krishnamurti fue una síntesis entre el pensamiento krishnamurtiano y el pensamiento derrideano. Sucedió durante el desarrollo de 2004, momento cumbre de mi interés por la filosofía posestructuralista francesa de Gilles Deleuze (1925-1995), Michel Foucault (1926-1984) y Jacques Derrida (1930-2004). Este último despertó una serie de intereses, a través de su aportación filosófica principal, la deconstrucción, que me llevaron a intentar una síntesis de sus planteamientos con el mensaje de Krishnamurti, unos meses antes de su fallecimiento. Luego llegó el distanciamiento citado a lo largo de 2005, que se prolongó hasta el 11 de septiembre de 2008, cuando volvió inesperadamente Krishnamurti a mi vida, a través de una serie de libros que me compré ese mismo día, publicados por Editorial Kairós, junto con los tres primeros cuadernos Moleskine, para realizar una síntesis de su pensamiento con el neoadvaita balsekariano (que llevaba desde el 19 de febrero de 2007 estudiando y aplicando).
Y a partir de 2011 el distanciamiento fue enorme, analizando con mayor espíritu crítico su figura (aunque no tanto el mensaje). La clave fue aportada por Peter Washington en EL MANDRIL DE MADAME BLAVATSKY, donde hablaba de una persona fundamental muy cercana al círculo más íntimo de Krishnamurti, Radha Rajagopal Sloss, que presentó una versión nada favorable del único personaje relacionado con la espiritualidad que, al menos en las apariencias, estuvo distanciado del comportamiento sectario de cualquier otro gurú o maestro espiritual, entendiendo que la función pública de Krishnamurti fue exactamente la misma que la de cualquier gurú o maestro espiritual, aunque con un mensaje disruptivo y nada cercano en lo esencial al resto de personajes similares. Esa versión divergente del Krishnamurti íntimo, que al menos en lo público cultivó y conservó una autoridad moral elevada e incuestionable, fue plasmada en un libro que nunca (al menos que yo sepa) llegó a traducirse al castellano: Lives in the shadow of J. Krishnamurti (Bloomsbury Publishing, Londres, 1991). Recordemos que Radha Rajagopal Sloss es la hija (hoy tiene casi 95 años) del matrimonio formado por Rajagopalacharya Desikacharya (1900-1993), más conocido como D. Rajagopal, y Rosalind Rajagopal (1903-1996), dos teósofos que conocieron a Krishnamurti en su juventud y establecieron una vinculación íntima tanto personal como profesional muy estrecha durante décadas, aunque la relación se deterioró, acabando mal, con litigios judiciales que no se resolvieron hasta la muerte de Krishnamurti.
D. Rajagopal, el padre de Radha Rajagopal Sloss, fue amigo personal y editor inicial de Krishnamurti durante su renuncia a la Sociedad Teosófica y reconversión en conferenciante internacional dedicado a dar charlas por todo el mundo, así como sostener diálogos con todo tipo de interlocutores (las dos funciones principales que desempeñó Krishnamurti desde su renuncia el 3 de agosto de 1929 hasta su muerte el 17 de febrero de 1986). Recordemos que esas charlas y diálogos se transcribieron, publicándose en forma de libros. Desde el principio se generó un lucrativo negocio editorial que gestionó D. Rajagopal durante años, a través de la KWINC (Krishnamurti Writings Inc.), surgiendo décadas después las cuatro fundaciones Krishnamurti para preservar el legado intacto (y gestionar los comerciales derechos de autor). Hoy se calcula que hay más de 75 libros publicados en inglés (a lo que debemos sumar todas las traducciones a más de cincuenta idiomas).
A pesar de mis intentos por volver a reconectar con los libros de Krishnamurti, durante once años fue imposible y no lo conseguí. Todos los intentos resultaron fallidos. Pero la cosa cambió radicalmente el viernes, 5 de agosto de 2022. Ese día encontré un libro muy inusual de Krishnamurti que había sido publicado cuatro meses antes: MENTE EN SILENCIO (Editorial Kairós, Barcelona, 2022). Sucedió en la Casa del Libro de Alicante. Nos íbamos mi mujer y yo a pasar unos calurosos días veraniegos en la casa rural Molí Fariner de Agullent (Valencia, Comunidad Valenciana, España). El paso anterior por Alicante y mi visita a la Casa del Libro fue un punto de inflexión de esos que suceden a la larga y determinan una significativa etapa vital con importantes repercusiones permanentes. Un mes y medio después (a partir del domingo, 18 de septiembre de 2022) inauguré la última fase y cierre de Actitud Consciente, el Proyecto Ac.Co22 ("establecer la presencia metafísica de Krishnaji"). Desde entonces he releído y vuelto en exclusiva solo a las reflexiones krishnamurtianas escritas de su puño y letra en ese libro de color verde (obviando los diálogos con interlocutores recordados por Krishnamurti) en varias ocasiones, a lo largo de los cuatro años transcurridos.
A pesar de que han seguido publicándose nuevos libros de Krishnamurti en esos cuatro años transcurridos (en varias editoriales que contratan los derechos de autor con las fundaciones Krishnamurti para la traducción de las novedades en inglés, destacando Editorial Kairós con diferencia), no obstante ya no había sido capaz de encontrar nada que me conectara a ningún nivel, hasta el pasado martes, 30 de junio de 2026 (hace apenas una semana) cuando tropecé en la librería 80 Mundos de Alicante con el libro Cómo encontrar la paz EN UN MUNDO DESAFIANTE.
Jueves, 9 de julio de 2026.
12:55.
Terminada la lectura completa del libro (esta mañana estaba en el capítulo '7. EDUCACIÓN Y PAZ MUNDIAL', página 125) ahora mismo, da comienzo la segunda lectura directa e inmediata para, simultáneamente, desarrollar una interpretación exegética muy personal de la 'INTRODUCCIÓN'. Lo primero, entonces, es lo obvio (que según mi impresión obviamos la mayor parte del tiempo, incluyendo al burro delante para que no se espante, pues ya se sabe: es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio): he aquí un ejercicio de pura especulación subjetiva emitida desde lo que en este momento particular de mi vida veo (o creo ver).
Creo que pocos libros encajarían mejor que Cómo encontrar la paz EN UN MUNDO DESAFIANTE para mi propósito, pues está estructurado de tal manera que intercala a la perfección las dos facetas principales de Krishnamurti a nivel público: múltiples fragmentos cortos de charlas y diálogos (por norma general en sus libros los capítulos suelen ser más largos).
Pero antes de nada, lo primero que más llamó mi atención de este libro a diferencia del resto: 'SOBRE LA PRESENTE EDICIÓN'. Una muy breve aunque bastante esclarecedora presentación que ocupa apenas la mitad central de la página 9. A pesar de haberla utilizado en un post reciente de este mismo blog, vuelvo a recalcarla aquí, pues me parece elocuente y significativa. Habla de un acontecimiento que tuvo lugar en 1992 (seis años después de la muerte de Krishnamurti), cuando la World Future Society (WFS) invitó a la Krishnamurti Foundation of America (KFA) a su convención. Milton Friedman, economista estadounidense del siglo XX, cofundador y líder de la escuela de Chicago, así como ultraconservador político comprometido y que defendió un liberalismo libertario minarquista (reducción del Estado y la intervención estatal, así como los servicios públicos, a su mínima expresión) y partidario de un capitalismo desregulador radical (privatizar todos los bienes y servicios de la sociedad sin límite ni regulación alguna) que aparece citado como consejero de la Fundación, "propuso publicar una antología de la obra de Krishnamurti con el título de La responsabilidad social. Los editores de la Fundación seleccionaron una serie de extractos de sus enseñanzas en los que insiste en la importancia de que el individuo se comprometa con la idea de cambiar el mundo".
Todavía me sorprende esta declaración de intenciones nueve días después de haber encontrado el ejemplar que, imagino (por el título de la presentación) sería o bien el núcleo del actual libro o bien el libro mismo, aunque publicado como tal 31 años después. Pero la sorpresa no ha venido de que Friedman fuera el consejero de la Fundación (algo ya de por sí muy contradictorio en esencia con el mensaje central de Krishnamurti) ni de su decisión interesada en publicar un libro exactamente con estas características, sino del hecho que en el fondo representa a mi juicio esta decisión y por la cual he decidido a su vez embarcarme en un proyecto de reinterpretación exegética de la figura y el mensaje krishnamurtiano: ¿hubiera decidido Friedman plantear la publicación del libro si en verdad el mensaje krishnamurtiano no encajara de alguna manera (o de muchas) con sus dudosas creencias políticas y económicas, absoluta y objetivamente condicionadas por una muy cuestionable visión particular de la economía, la sociedad y la política? Debido al interés que me despiertan las posibles respuestas a esta pregunta, he decidido finalmente embarcarme en una revisión sistemática del mensaje krishnamurtiano que, en mi opinión como lector habitual de sus libros desde hace tres décadas, está presente con claridad meridiana en Cómo encontrar la paz EN UN MUNDO DESAFIANTE. De ahí que lo primero sea descartar un posible sesgo: a mi juicio escrutador como experimentado lector de sus libros, no hay una selección de opiniones de Krishnamurti sesgadas para que encajen con el propósito friedmaniano, pero que desvirtúen el mensaje krishnamurtiano esencial y original, todo lo contrario. El mensaje está intacto y es inequívoco (en esto las cuatro fundaciones están haciendo un trabajo impecable en mi opinión).
Luego, considero que también sería conveniente analizar en principio el modus operandi de Krishnamurti como figura pública, ya que en mi opinión es importante comparar la coherencia o incoherencia entre un mensaje dado a pequeñas, medianas y grandes audiencias durante la friolera de 57 años, es decir, la dedicación exclusiva y comprometida de toda una vida, con los hechos reales de esa vida, pues los dichos son fáciles de emitir (todos lo hacemos a cada momento, ya que hablar es cómodo y sencillo pero poco o nada eficiente si luego los hechos contradicen esos dichos).
En ese aspecto considero importante analizar (aunque ahora no sería posible hacerlo por aquí debido a su envergadura) y comparar los testimonios de personas que conocieron a Krishnamurti en la mayor intimidad. Casi todo lo publicado hasta el momento es favorable a su persona, hasta el punto de ser casi hagiográfico (demasiado devocional), especialmente los libros de su biógrafa oficial Mary Lutyens (1908-1999). Un poco mejor sería a mi juicio la exhaustiva y extensa biografía de la activista cultural y escritora hindú Pupul Jayakar (1915-1997). Aunque estos libros adolecen de la falta de una mirada íntima, que podríamos complementar con un libro muy interesante, aunque también favorable a su persona y figura: Krishnamurti íntimo. 1.001 comidas con K. (Editorial Kairós, Barcelona, 2005) del que fuera su cocinero durante la última década de la vida de Krishnamurti, Michael Krohnen (1943-2023). Un lustro después fue reeditado como CRÓNICAS DESDE LA COCINA. 1.001 comidas con Krishnamurti (Editorial Kairós, Barcelona, 2010). Pero ninguno es tan importante para el contraste a mi parecer como el único testimonio crítico con su persona y figura, aunque no está traducido ni publicado en castellano (algo que me parece muy interesante y me genera dudas reflexivas): Lives in the shadow with J. Krishnamurti (Bloomsbury Publishing, Londres, 1991) de Radha Rajagopal Sloss, una de las pocas personas que compartieron la verdadera intimidad con Krishnamurti desde el nacimiento (nació el 21 de julio de 1931), teniendo una vinculación muy estrecha y cercana con él desde la infancia, sin los intereses tanto personales como profesionales que sí tuvieron el resto de testimonios. No obstante, hay que cogerlo con pinzas, pues podría estar sesgado por los irresolubles conflictos comerciales y personales que tuvieron sus progenitores con el propio Krishnamurti, sin resolución posible hasta su muerte (todo lo contrario, se recrudecieron cada vez más) y todo el negocio editorial surgido en torno a su mensaje y figura pública (lo cual también es de gran elocuencia, pues resulta ser totalmente contradictorio con su mensaje o en todo caso lo deja sin efecto, pues él también participó, por tanto, de lo mismo que criticaba como el origen y sostenimiento de todos nuestros problemas en su opinión). Para suplir esa carencia en lectores hispanoparlantes que no entiendan nada de inglés, lo más conveniente sería usar EL MANDRIL DE MADAME BLAVATSKY. HISTORIA DE LA TEOSOFÍA Y DEL GURÚ OCCIDENTAL (Ediciones Destino, Barcelona, 1995) de Peter Washington, donde viene un perfil biográfico detallado de toda la vida de Krishnamurti (intercalada con otros personajes a lo largo de los capítulos) desde una posición totalmente escéptica y muy crítica, pero bastante objetiva y fundamentada en los hechos, incluyendo al detalle el testimonio de Radha Rajagopal Sloss. Se trata de un libro todavía asequible en el mercado librero de segunda mano y que podemos encontrar a precios razonables.
Krishnamurti desempeñó dos actividades principales en esos 57 años citados, desde que toma la resolución de romper con la Sociedad Teosófica, disolviendo la Orden de la Estrella de Oriente (que presidía como jefe y líder desde su fundación en 1911) el 3 de agosto de 1929 y fallece, el 17 de febrero de 1986 debido a un cáncer de páncreas: dar conferencias (charlas y/o discursos que suelen acabar en coloquios) y dialogar con interlocutores. La dinámica de ambas actividades siempre fue la misma. Por ese motivo, considero de gran relevancia analizar exhaustivamente y al detalle las dinámicas establecidas, para desglosar su esencia. Al principio no me parecieron nada esas dinámicas, ni siquiera las cuestioné porque tampoco tuve el mínimo espíritu crítico de análisis escrutador. Simplemente quedé absorbido y deslumbrado por un mensaje que sonaba disruptivo con todo lo que había alrededor suyo (destacando el orientalismo y la espiritualidad). Por lo visto, es lo mismo que le sucedió al resto de personas interesadas en el mensaje krishnamurtiano. O al menos es lo que he visto en vivo y directo, pero también en escritos o en el testimonio de terceros.
A pesar de hablar todo el tiempo Krishnamurti de que la verdad es una tierra sin caminos o que cada cual debe encontrar y dejarse guiar por su propia luz, rechazando la autoridad de cualquier gurú, maestro espiritual o referente en lo que fuera, no obstante daba conferencias donde solo él hablaba y el resto escuchaba, es decir, exactamente la misma dinámica seguida contradictoriamente por cualquier gurú o maestro espiritual. Luego estaba el tema de los diálogos. ¿Eran verdaderos diálogos o solo se trataba de una variante del famoso satsang hindú, donde los adeptos reunidos en torno a un gurú preguntan y este responde?
Viernes, 10 de julio de 2026.
10:45.
El libro empieza con una 'INTRODUCCIÓN' titulada Pacem in Terris. Abarca de la página 11 a la página 17. Como se explica al principio, en realidad no es una introducción al uso sino el discurso que Krishnamurti dio invitado por la ONU (Organización de Naciones Unidas) el 11 de abril de 1985, es decir, poco antes de cumplir 90 años de edad, en la recta final de su vida (le quedaban apenas diez meses de vida).
En mi opinión esas primeras seis páginas contienen la esencia primordial de todo el mensaje krishnamurtiano. Porque a pesar de usar un diálogo socrático donde interrogaba a menudo, en realidad identifico en toda su obra una serie de aseveraciones repetitivas que afirman y suponen el núcleo de un mensaje propuesto por Krishnamurti que, tanto si estamos de acuerdo (porque encaja con lo que pensamos y/o sentimos) como si no, nunca dejan de ser especulaciones subjetivas. De ahí que luego sea necesario identificar si existe alguna correlación efectiva de esas aseveraciones ideales pero teóricas, con los hechos reales cuando las llevamos a la práctica, pues de lo contrario se tratará de meras especulaciones hipotéticas sin ningún fundamento eficiente ni realizable. Por descontado que nunca jamás me planteé estas cuestiones, dando por sentado que las afirmaciones de Krishnamurti eran correctas, sin cuestionamiento alguno ni espíritu crítico. Dudo mucho que otros lo hayan hecho (porque no he conseguido encontrar un solo análisis profundo de verdad y crítico, pero fundamentado, de su mensaje).
El discurso empieza poniendo de relieve el asunto que fundamenta el título del libro: "Los seres humanos hemos habitado este planeta durante cientos de miles de años. A lo largo de todo ese tiempo no hemos encontrado la paz en la Tierra. [...] Siempre hemos vivido en conflicto con quienes nos rodean, con la sociedad, con la familia. Llevamos milenios de luchas y enfrentamientos. Desde los inicios de la historia ha habido guerra, y aún hoy seguimos en guerra. Esa paz en la Tierra y esa buena voluntad entre los seres humanos de la que tanto han hablado las autoridades religiosas no se ha materializado nunca" (página 11).
En mi opinión no es nada descabellado lo que afirma. Todo lo contrario. Me parece una observación correcta y ajustada a los hechos. Tiene coherencia, sensatez y encaja bastante bien con lo que podemos observar a nuestro alrededor, especialmente si estudiamos un poco de historia o analizamos cualquier periodo de esa historia (incluyendo el momento actual, 40 años después de la muerte de Krishnamurti). No obstante, ahí no estaría la verdadera cuestión de interés, sino en lo que viene a continuación, como la perfecta definición de la actividad humana arquetípica: hecho el análisis objetivo de la realidad, Krishnamurti, al igual que la mayoría, emitirá su opinión personal sobre los motivos que a su juicio generan esa realidad, es decir, el hecho de no que no hayamos encontrado la paz en la tierra, así como que siempre hayamos vivido en conflicto con todos o llevemos milenios de luchas y enfrentamientos. El auténtico problema que veo ante tamaño asunto sería averiguar lo primero de todo antes de continuar: ¿acaso podemos saber en el fondo y de manera cierta, inequívoca y sin pie a la duda por qué esto es así? Porque si no lo sabemos a ciencia cierta, cualquier respuesta adolecerá de una comprensión sesgada y tal vez defectuosa del problema. ¿Acaso hay alguien que lo sepa de verdad? Pues si no es así... ¿qué será e implicará la hipotética, presunta respuesta dada?
Krishnamurti, como todos, nos dará su respuesta. El siguiente problema a despejar será averiguar si esa respuesta es viable y tiene aplicación práctica que dé resultados inequívocos, pues de lo contrario estaremos muy probablemente ante una especulación subjetiva e infundada. El libro se titula Cómo encontrar la paz EN UN MUNDO DESAFIANTE. Un título así ya es toda una grandilocuente declaración de intenciones, pues en verdad lleva implícito algo peligroso, arriesgado cuando menos: ¿no implica una afirmación de ese calibre, o al menos eso me da a entender, que el autor tiene la fórmula para encontrar la paz en un mundo desafiante? Porque no me da la impresión de preguntar cómo podríamos encontrar la paz, sino que parece afirmarlo, a pesar de aparentar ser interrogativo ese cómo. Sigamos indagando.
En la siguiente página Krishnamurti divaga en torno a una pregunta: "¿Cómo puede ser que, después de tantos siglos, no sepamos todavía vivir en paz en este planeta extraordinario?" (página 12). De entrada me parece una pregunta trampa, pues presupone que por haber transcurrido un montón de siglos ya deberíamos saber vivir en paz en este planeta. De ahí me surgen varias preguntas: ¿en base a qué presuposición deberíamos haber aprendido a vivir en paz? ¿Y si a lo mejor el asunto no funciona de esa manera y se trata solo de una presuposición subjetiva sin fundamento? ¿Cómo podemos saberlo si no tenemos todas las respuestas al porqué de las guerras, la violencia o los conflictos? ¿No será, entonces, que cada cual analiza un fenómeno que hipotéticamente no debería existir o deberíamos haber resuelto ya (como insinúa la pregunta krishnamurtiana) y luego le da no menos hipotéticas respuestas, que en el fondo no lo son, pues a pesar de ellas, tantas como seres humanos hay, el fenómeno no ha desaparecido ni cambiado?
Después viene una interesante reflexión krishnamurtiana presente siempre en su mensaje: "El tiempo es un factor singular en la vida. Es importante para todos. El futuro es el presente. El futuro es ahora. El presente —que contiene al pasado— se convierte en el futuro al modificarse en este instante. Así ha sido siempre el ciclo, el recorrido del tiempo" (página 12). Esta singular idea sobre el tiempo viene a colación de la conclusión que solía proponer Krishnamurti de una manera, a mi juicio, brillante y significativa: "A menos que haya una mutación radical en el presente, el futuro será exactamente lo que es ahora. La historia lo demuestra y también podemos comprobarlo en nuestra vida cotidiana" (página 12). Parece algo muy sensato y de cajón: si no mutamos radicalmente ahora mismo y por tanto producimos un cambio esencial en nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar, sin duda que el futuro será un reflejo del presente (o como se le atribuye erróneamente a Einstein, no esperes recibir resultados diferentes haciendo lo mismo de siempre). El problema que le veo a esta excelente idea planteada por muchos pensadores (no solo Krishnamurti) a lo largo de la historia, está implícito en una pregunta: ¿es posible producir una mutación radical como la propuesta por Krishnamurti, especialmente a gran escala? ¿O más bien se trata de algo individual, como al parecer proponía Krishnamurti? Porque si somos 8.300 millones de habitantes en el planeta... ¿cuántas mutaciones radicales serían necesarias para que el futuro fuera diferente? ¿Con una sobra? ¿O más bien tendríamos que mutar todos? Lo cual, sea cual sea la respuesta (si es que es), de momento no ha tenido mucho efecto, visto lo visto. ¿Será lo de la mutación radical, tal vez, un ideal, una quimera, una entelequia impracticable? ¿Tenemos hechos suficientes a disposición como para afirmar que es posible, hoy por hoy, o más bien al contrario?
Sábado, 11 de julio de 2026.
10:52.
Las reflexiones que hace Krishnamurti a continuación me parecen de lo más acertadas (lo cual no significa que tenga razón en lo afirmado sino que simplemente estoy de acuerdo con ello): "Es responsabilidad nuestra preguntarnos si, como seres humanos, somos capaces de vivir en paz. Las instituciones no han encontrado una solución. La guerra continúa, por más que intentemos organizarnos. Por eso, ninguna institución —sea de alcance mundial o de cualquier otro tipo— tendrá éxito en instaurar la paz, porque el ser humano, tanto a nivel individual como colectivo y nacional, está en conflicto" (página 13). E inmediatamente a continuación entra en la materia que a mi parecer determina, desde que descubrí su primer libro hace ahora 30 años exactos, la diferencia entre lo planteado por Krishnamurti y lo planteado por la mayoría, siendo esto afirmado el núcleo central de su enseñanza durante 57 años: "No habrá paz en la tierra mientras existan las nacionalidades, que no son más que una forma glorificada de tribalismo. Nos aferramos al nacionalismo, a las ideologías o a las creencias porque buscamos seguridad. Pero las creencias y las ideologías nos dividen y las instituciones, por su parte, son incapaces de construir la paz" (página 13).
No obstante, esas afirmaciones dejan algo en relieve: si seguimos el razonamiento krishnamurtiano, en base al cual no habrá paz en la tierra mientras existan las nacionalidades... ¿de qué servirá, por tanto, una mutación radical en una persona o en 8.300 millones de personas, si las nacionalidades siguen existiendo y nos aferramos al nacionalismo, las ideologías o las creencias? Entonces vuelvo a la pregunta planteada más arriba: ¿cuántas personas son necesarias que renuncien para que desaparezcan las nacionalidades, ideologías y creencias? Y aquí es donde el razonamiento krishnamurtiano tropieza a mi juicio con el mayor escollo, tal vez, insalvable, pues... en la experiencia humana cotidiana organizada en sociedades desde que empezó la historia, hace milenios y por tanto, la civilización, hay nacionalidades, ideologías y creencias de todo tipo, lo cual, analizando un poco a mi alrededor el comportamiento habitual, me lleva a una sospecha, pues suelo ver seres humanos experimentando la vida desde diferentes perspectivas, capacidades y entendimientos, unos más lúcidos, otros menos y no pocos sumergidos en una oscuridad interior incapaz de mantener el mínimo discernimiento. De aquí salen no pocas preguntas incómodas pero muy necesarias, como... ¿qué pasa entonces con los psicópatas, violadores, maltratadores, asesinos? ¿Sus comportamientos y delitos también provienen de la nacionalidad, la ideología o las creencias... o se trata más bien de un complejo problema social que se nos escapa? ¿Qué pasa con el sistema económico monetario y lo que generan sus dinámicas, tanto si la gestión es capitalista como si es comunista? Ergo... ¿no podría ser lo que planteaba Krishnamurti una reducción simplista muy adecuada para dar charlas y mantener diálogos con interlocutores (viviendo de ello y creando un negocio editorial muy lucrativo, así como cuatro fundaciones corporativas para preservar su enseñanza, es decir, el negocio, contribuyendo con ello a que todo siga igual), pero poco o nada acertada más allá del ideal teórico que lo reduce todo a un análisis superficial, una fórmula reduccionista, sin tener en cuenta todos los factores que escapan al control y entendimiento humano, alterándose así la fórmula prescrita hasta dejarla, como nos indica la realidad y los hechos, tanto antes de Krishnamurti como después de Krishnamurti, sin ningún efecto? Porque han pasado 40 años exactos desde su muerte y todo sigue igual (o peor). Nada ha cambiado. Hecho que me lleva inevitablemente a otra pregunta: ¿será esto porque la mayoría no conoce, aplica y vive acorde al mensaje krishnamurtiano o será a pesar de ello?
El resto del discurso sigue en la línea de ofrecer opiniones afirmativas que pretenden analizar el hipotético problema de no ser capaces de vivir en paz unos con otros, dando después sus presuntas "soluciones". Krishnamurti sigue, a grandes rasgos, ofreciendo aseveraciones: "La paz exige una gran inteligencia" (página 14). Esta afirmación era una especie de "marca de la casa", pues la usaba mucho y de forma ubicua e intercambiable. Daba igual el tema tratado, siempre era necesaria "una gran inteligencia". Algo, por otra parte, un tanto inespecífico en mi opinión, pues la inteligencia como abstracción puede concretarse de muchas maneras: capacidad de entender o comprender; capacidad de resolver problemas; conocimiento, comprensión, acto de entender; sentido en que se puede tomar una proposición, un dicho o una expresión; habilidad, destreza, experiencia; trato y correspondencia secreta entre dos o más personas o naciones entre sí; sustancia puramente espiritual. ¿A qué se refería Krishnamurti con el concepto "inteligencia"? O un poco más abajo viene esto: "Nuestra época es tan vasta como cínica, y el cinismo no deja espacio para el afecto, el cuidado ni el amor. Hemos perdido la cualidad de la compasión" (página 14). No sé, me parece un tanto arriesgado emitir una sentencia tan contundente: ¿en realidad hemos perdido la cualidad de la compasión o solo es una exageración retórica de Krishnamurti?
Pero a continuación habla de algo que, a pesar de ser otra vez inespecífico y polisémico, usado además por todos los gurús y maestros espirituales, me parece muy interesante su reflexión final. Me refiero al concepto del amor. Para Krishnamurti: "Analizar la compasión es fácil; analizar el amor, en cambio, es imposible. Aunque el amor no se encuentra dentro de los límites del cerebro [...], intentamos hallar la paz y el amor dentro de ese ámbito limitado. Eso significa que el pensamiento no es amor, porque el pensamiento se basa en la experiencia y el conocimiento, y ambos son siempre limitados, tanto ahora como en el futuro" (página 14). De todas formas, me parece curiosa la afirmación "analizar el amor [...] es imposible" para inmediatamente después analizar Krishnamurti qué no es amor, a su manera. De la misma forma que siempre me pareció muy llamativa esta contradicción (repetida también hasta la saciedad en sus discursos y diálogos), aunque nunca le presté atención: "No necesita leer ningún libro ni convertirse en especialista para comprender su propia manera de pensar y de vivir" (página 15). Sí, probablemente tuviera razón el hombre, pero siempre me chirrió (aunque decidí selectivamente no prestar atención al chirrido) que afirmara una y otra vez la opinión de que era muy necesario prescindir de los libros, como inútiles e incluso contraproducentes, alguien cuyo desempeño y figura pública se fundamentó en un negocio editorial muy lucrativo y que a día de hoy, según las estimaciones de las cuatro fundaciones, ha publicado más de 75 libros. ¿Se referiría Krishnamurti a todos los libros en general o los suyos en particular quedaban excluidos?
"Pero el pensamiento no es amor. El amor no es sensación ni placer, no es el resultado del deseo, es algo completamente distinto. Para encontrarse con ese amor –que es compasión y que tiene su propia inteligencia–, uno tiene que comprenderse a sí mismo, ver lo que uno es. No a través del análisis, sino comprendiendo el propio sufrimiento, los propios placeres y creencias" (página 15). Obviando la concepción krishnamurtiana de amor (que ahora asocia a la compasión y una inteligencia específica, pero no deja de ser algo especulativo y contradictorio con lo afirmado antes, es decir, que analizar el amor es imposible), lo siguiente subrayado en negrita me pareció hace 30 años y sigue pareciéndome hoy importante para tener una vida plena: uno tiene que comprenderse a sí mismo, ver lo que uno es, comprendiendo el propio sufrimiento, los propios placeres y creencias. De hecho, es en lo que llevo embarcado estas tres décadas, pero, al menos en mi opinión y experiencia vital, no se obtiene esa comprensión en un momento dado y ya está, sino que se trata de un proceso continuo, tal vez de por vida.
En la recta final del discurso hay algo que también considero importante: "El sufrimiento, el dolor, la ansiedad, la soledad, la desesperación y la violencia no nos pertenecen ni a usted ni a mí: son de la humanidad. Los seres humanos no somos psicológicamente independientes. Yo soy un hombre, aquella persona es una mujer, uno es alto, otro bajo; pero en nuestro interior, en lo psicológico, formamos parte de la humanidad. Usted es la humanidad, por eso, cuando mata a otro, cuando entra en conflicto con otro, se está destruyendo a sí mismo. Se puede ver esto si se observa con atención y sin ninguna distorsión" (página 15). He aquí el tema central más significativo de su mensaje y también repetido por Krishnamurti hasta la saciedad en cualquiera de sus charlas y diálogos: usted es el mundo; usted es la humanidad. A pesar de la importancia que podría tener esta aseveración krishnamurtiana con la que estoy de acuerdo a grandes rasgos (con matices), aunque tampoco podamos saber a ciencia cierta si es así del todo, no obstante también ha sido usada como parte axiomática del pensamiento mágico y distorsionada por la espiritualidad nueva era (y el fenómeno más reciente de la llamada conspiritualidad o la fusión de las teorías conspirativas con la espiritualidad). De ahí que en Krishnamurti suela tener un sentido y significado más cabal y coherente en mi opinión.
Y por último, la sensata "receta" que propone Krishnamurti como solución: "Así pues, la paz solo será posible cuando la humanidad —de la que usted y yo formamos parte— ponga fin al conflicto consigo misma" (página 16). Pero incluso necesita, requiere, llegar más lejos si cabe, zanjando el asunto de la misma forma que los demás, es decir, con una respuesta cerrada, afirmativa y plagada de especulaciones demasiado subjetivas, arriesgadas y reduccionistas a mi parecer: "¿Es posible vivir en esta tierra [...] con una comprensión profunda de la humanidad, es decir, de uno mismo? Sí, es posible. Y no necesitamos recurrir a profesionales: podemos hacerlo por nosotros mismos, sin necesidad de especialistas. Podemos observar nuestras peculiaridades e inclinaciones. La evolución ha condicionado el cerebro humano para la guerra, el odio y el conflicto. Entonces, ¿puede ese cerebro —con sus células cargadas de memoria— liberarse de su propio condicionamiento? La respuesta es muy simple" (página 16). ¿Podemos hacerlo por nosotros mismos? ¿No necesitamos recurrir a profesionales? ¿Son innecesarios los especialistas? ¿Basta con observar nuestras peculiaridades e inclinaciones? ¿Ha condicionado la evolución el cerebro humano para la guerra, el odio y el conflicto? ¿La respuesta es simple? No lo tengo nada claro. Lo único que me queda claro es que veo demasiadas aseveraciones, tal vez excesivamente seguras de sí mismas, sin fisuras ni pie a la duda. Esto no me parece propio de alguien que indaga abierto al descubrimiento descondicionado e inesperado, como solía proponer Krishnamurti. Me suena más a verdades absolutas y clichés que terminan con el pensamiento, dando presuntas respuestas y soluciones que únicamente son especulaciones subjetivas de cosecha propia, añadidas al resto de especulaciones subjetivas (pues cada cual tiene su propia cosecha especulativa abundante).