Mi biblioteca esencial para la nueva etapa vital que empieza en breve

Jueves, 9 de julio de 2026.

0:12.

Ayer fue un día duro, intenso, dedicado: tenía que darle la solución final a mi anterior biblioteca personal que fui creando y ampliando de forma constante durante dos años... los dos años que mi mujer y yo hemos vivido en el último piso de alquiler. Dio comienzo con un puñado de libros que traía de mi anterior biblioteca (reiniciada dos veces en seis meses) el 1 de agosto de 2024 y finalizó el 30 de junio de 2026. Pero... ¿quién lo hubiera dicho hace un mes? Es cierto que 2026 empezó potente y se intuían cambios avecinándose (especialmente durante y después del viaje al norte peninsular la última semana de febrero), aunque... bueno... ya se sabe lo que pasa con las intuiciones... a veces son... a veces no son... a veces todo lo que parece no es... a veces lo que da la impresión de ser una cosa acaba en otra muy distinta... etcétera. De todas formas tampoco hubiera imaginado del todo que esos cambios implicaran un vuelco absoluto de vida. Y al mismo tiempo estoy tan acostumbrado a esos vuelcos (los primeros 37 años solo; los últimos 13 con mi mujer) que ya no sorprenden, pero, no obstante, son desestabilizadores y uno nunca se adapta del todo a la primera de cambio. Porque, además, suele ser algo repentino, inesperado. De todas formas, en este caso ha sido previsible por varios motivos, uno de los cuales es la situación actual con la especulación inmobiliaria y el desorbitado precio insostenible de los alquileres (si algo tenemos claro ahora mismo es que no sabemos lo que nos deparará el devenir de los acontecimientos, pero alquiler otra vez no, gracias). Antes no tenía muy claro el asunto de la ocupación. Ahora lo entiendo perfectamente (y empatizo al máximo con él)... pero lo peor con diferencia fue enfrentarme otra vez al tema que más dolor de cabeza me trae desde hace un cuarto de siglo: las bibliotecas personales. Desde la segunda mitad de 1995 comprando libros a menudo (y en el último lustro más todavía), habré tenido... vete a saber... una decena... una docena de bibliotecas... no lo sé a ciencia cierta. Y por norma general nunca he sido de arrastrar bibliotecas... primero por falta de espacio... segundo por inestabilidad precaria... tercero porque es una putada trasladar bibliotecas personales repletas de libros (como siempre han sido las mías). Pero esta vez lo tenía claro desde mediados del pasado año 2025, pues me fui poniendo en la situación hipotética de tener que volver a la intemperie y vivir otro tránsito vital sin hogar (debido a la citada situación distópica del alquiler, por una parte, que además, a partir de agosto nos querían aumentar, enterándonos hace un mes y decidiendo que no seguíamos aquí ni de broma, además de los cuidados objetivos que necesita mi suegra, enferma de enfisema pulmonar en fase cuatro, por otra parte): solo me llevaría una selección especial de libros que hayan tenido alguna relevancia en lo que más tiempo llevo embarcado y ha terminado predominando en mi vida: la exploración sobre los límites de la realidad que me conduce inequívocamente a cierta idea de liberación definitiva. Ahora mismo acabo de montarla y estoy feliz, satisfecho, repleto, sudadísimo... después de un sincopado y muy caluroso día (por encima de los cuarenta grados). El resto de libros nos han dado unos pocos pero sustanciosos (y esenciales) dividendos (los libros no suelen valer una mierda tras la compra, pero servidor siempre ha tenido un exquisito gusto por rarezas literarias a las que se les puede sonsacar algo, aunque tampoco demasiado).



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